Ricardo Sarasty

Oposición con minúscula

Por: Ricardo Sarasty.

Un gobierno democrático solamente lo es si tiene un contrapeso ideológico proveniente de sus opositores. Gracias a ello los mandatarios no se deslizan hacia el atractivo y en sí mismo peligroso abismo del autoritarismo y guardan la cordura necesaria para sacar adelante todo el programa de gobierno propuesto en favor de, no solo la población que lo eligió, sino que con ellos igualmente de los que no lo hicieron. Por no otra razón es importante el Parlamento desde los tiempos de la Grecia de Demóstenes y la Roma de Cicerón. Es en esta institución en donde se ha ejercido el control político y los encargados de hacerlo bien han dejado para aprender de ellos sus discusiones que no denotan más que dedicación al estudio, eximio manejo de la palabra y convicción en lo que piensan y dicen, coherencia. Durante las épocas en las que el parlamento ha brillado en cualquiera de los países en los que su talante intelectual ha servido de veedor moral, las sociedades se han desarrollado y formado en la democracia, apreciando la oposición.

El disenso es tan valioso como el consenso en todo régimen democrático. Permitir la controversia, la discusión, el debate es evitar la germinación de un sistema de gobierno en el que se impone una sola forma de ser y pensar. Es que la democracia tuvo su origen en el foro, el lugar a donde todos los ciudadanos podían asistir para realizar sus actividades de carácter social, la plaza. Espacio al cual siempre se le ha respetado su carácter de público. Ningún gobierno tolerante con la divergencia ha impedido que las plazas en las ciudades sean ocupadas por la gente para ahí exponer sus ideas, por contrarias que sean a él, es más siempre ha permanecido atento a lo que en los foros se dice para percatarse de los errores y corregir. sin este espacio del foro el envanecimiento de los gobernantes sería el mayor riesgo para la obra en la que trabajan.

Las sociedades crecen fuertes y su desarrollo es vital ahí en donde el pluralismo puede existir sin atenerse a ninguna clase de condiciones y de ella forma parte la oposición. Solo que en estos últimos años ha sucedido que la oposición se confunde con la malquerencia, el odio, la venganza o la simple gana de joder. Si como se lee y puede escucharse: joder. Tómese en el sentido que se quiera, que en conclusión conduce al significado de dañar al otro o, en términos más coloquiales, tirársele el caminado tan solo por darse un gusto. Por lo que a ese actuar no puede llamársele de oposición

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. Pues si alguna advertencia de los antiguos lideres o rectores de las instituciones democráticas hay que salvar para bien del Estado, es aquella que distinguía las diferencia en la política de la enemistad personal, por lo que toda discusión de carácter político en el parlamento o en la plaza se desarrollaba con argumentos y no insultos, chismes de alcoba e injurias. Los llamados de atención al proceder de los lideres se referían a sucesos en el ámbito de su papel como voceros de una colectividad, separando los de su intimidad. A no ser que esta por querer mismo del líder haya dejado de serlo y comprometiera por lo tanto sus funciones públicas.

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Es así como lo visto y escuchado a través de los medios informativos con relación al Senado y la Cámara, no permite que a dichos conglomerado pueda denominárseles Parlamento, con letras mayúsculas, porque escrito así connota la institución que cumple la tarea sagrada de marcar las directrices del Estado. Lo mostrado es un parlamento con minúsculas, pues de nota lo que se debe decir de este congreso por gracia de la oposición, eso de ahí es solo guachafita.