Por: Chucho Martínez
Con frecuencia escuchamos a congresistas decir que “acompañan” a los alcaldes a gestionar recursos ante el gobierno central. Otros llaman “golpear puertas” en los ministerios porque a los alcaldes no los conocen y así los conocieran, le hacen caso a las credenciales de los congresistas a quienes atienden con diligencia para evitar el “debate de control político” un mecanismo de extorsión, en muchos casos. O simplemente el congresista compromete su voto a cambio de “cupos indicativos” y unos puestos hoy llamados “mermelada”, de lo contrario no pasan las iniciativas gubernamentales.
Olmedear simboliza otra modalidad de aprovecharse de los dineros públicos -la otra es abudinear- que consiste en que el funcionario, por iniciativa propia, del contratista o del parlamentario, puentea con ellos una triangulación. Generalmente el político consigue los recursos y le impone al alcalde, el contratista –que generalmente es proponente único- y el interventor de bolsillo. Lo demás viene por añadidura: obras de pésima calidad y sin terminar, pero la palada se paga por adelantado. Y el pueblo jodido.
Ejemplo emblemático de olmedear fue el reparto de recursos y notarías para lograr el voto de la reelección de Uribe que se conoció como la Yidis política y los Teodolindos. Ese es el modus operandi para lograr que el congreso le apruebe proyectos al gobierno. Entonces se cumple la sentencia de Sor Juana Inés de la Cruz: “es tan culpable el que peca por la paga como el que paga por pecar”. Que en buen romance es un círculo vicioso, y bien vicioso entre congresistas, funcionarios y contratistas.
Bien que la bomba de la contratocracia haya explotado en las manos de Petro, para destapar con valentía ésta y otras ollas podridas del sistema, y ojalá proponga leyes más rigurosas para castigar corruptos.
En hora buena al gobernador de Nariño y al alcalde de Pasto no los hemos visto mal acompañados de los políticos porque el gobierno de Petro les abre las puertas sin necesidad de padrinazgos.
Coletilla: Hoy más que nunca, Nariño se merece una significativa inversión pública del orden nacional, porque tiene un potencial socioeconómico y geoestratégico desaprovechado por los buenos que somos más, por el proceso de paz territorial que adelanta con éxito el gobernador y, por último, porque el 81% de nariñenses votamos por Petro.

