A comienzos del año 2021, cuando por motivos de trabajo tuve que dirigirme a tierras antioqueñas, mire varias vallas publicitarias ubicadas a lo largo y ancho de las carreteras patrocinados por “X” partido político en donde, con una tipografía llamativa aparecía el mensaje “Ojo con el 2022”. Sin lugar a dudas este mensaje sembraba una duda ¿Qué iba a pasar en el año 2022 que debía ser tenido en cuenta desde el año 2021?
Teniendo en cuenta el partido político de donde venía la valla, el mensaje era evidente, prevenir a sus seguidores del panorama político que se podría presentar en el próximo año con miras a las elecciones tanto legislativas como presidenciales que se llevarían a cabo.
Y realmente que el mensaje no solo era de prevención, sino que término siendo una premonición para el mismo partido político y sus seguidores. Ojo con el 2022 porque de ser fuerza mayoritaria en el congreso de la república, de pasar a silenciar las voces de la oposición, de hundir mociones de censura y demás, terminaran perdiendo senadores y representantes, y estos escaños serian reemplazados por otra colectividad con una apabullante diferencia en el caudal electoral.
Ojo con el 2022 porque su candidato oficial, que por cierto, nunca despego en su intención de llegar a la presidencia de la república, va a ser reemplazado por cualquier otro que representara un mayor caudal electoral. En ocasiones me pregunto qué sentirá Oscar Iván Zuluaga después de ser desechado, dejado a un lado, obligado a emitir un comunicado en donde se apartaba de su aspiración tan solo porque “era lo mejor para el interés general”, ¿acaso las ansias de poder llegan a tal punto que no importa la persona, sino mantener manejando los hilos desde el bastidor de la escena?
Ojo con el 2022 y los votos “embolatados” que pondrían en el ojo del huracán a la Registraduria General de la Nación durante las pasadas elecciones legislativas. Sin importar la cortina de humo que se construya, no hay nada que justifique lo que sucedió en los pasados comicios, señores lectores, no importa si es un voto o cientos de miles de votos los que se ven afectados, en una verdadera democracia ningún sufragio se debe perder, porque este representa la voluntad del pueblo soberano, si los gobernantes no respetan a su pueblo, entonces ¿para qué tanto abrazo y beso si en el fondo todo esto es solo pantalla?
Pero es que el llamado de atención de aquella valla sigue vigente, puesto que es inaudito que en nuestro tan ponderado “estado social de derecho”, un candidato suba a los escenarios en las plazas públicas protegido por un chaleco antibalas y y escudos anti municiones. ¿Qué imagen dejamos ante la opinión pública cuando en la ONU, nuestros dirigentes leen un hermoso escrito de cómo esta tierra cafetera es garante de los derechos de todos, pero ante denuncias de amenazas de muerte a un candidato, nos hacemos los desentendidos? Estamos muy cerca de lograr el cambio, no podemos seguir viviendo en un estado fallido que propicie este tipo de acciones, es hora que la esperanza se vuelva una realidad.
Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

