La discusión por la concertación del salario mínimo para 2026 inició con un elemento inesperado: una estimación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que sugiere que un ingreso “digno” en Colombia debería bordear los $3.000.000 para cubrir adecuadamente las necesidades de una familia de cuatro personas.
El dato fue expuesto por el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, quien afirmó que esta proyección no constituye la propuesta oficial del Gobierno, pero sí será un insumo central en la mesa de negociación que se instalará el próximo 1 de diciembre. Según el Ejecutivo, esta cifra revela la brecha entre el salario actual y el costo real de vida, especialmente en rubros como vivienda, alimentación y transporte.
El Gobierno sostiene que indicadores recientes —como la reducción del desempleo y el comportamiento favorable del crecimiento económico— permiten discutir un aumento más ambicioso que en años anteriores. En la administración del presidente Gustavo Petro, el salario mínimo ha tenido un incremento acumulado del 37% entre 2022 y 2024.
La revelación también llega en medio de un ambiente de tensión entre los actores tripartitos: mientras las centrales obreras insisten en un reajuste de dos dígitos que acerque al país a ese estándar de dignidad laboral, los gremios empresariales advierten que un aumento fuera de proporción podría presionar la inflación y afectar la contratación formal.
Por ahora, el país espera la primera propuesta del Gobierno y la contrapropuesta de los empleadores. La mesa de concertación deberá equilibrar la urgencia social de un aumento significativo con la sostenibilidad económica. La gran incógnita es si los $3 millones serán una meta alcanzable o seguirán siendo un horizonte aspiracional para la política salarial del país.

