Ricardo Sarasty

Del oficio de poeta

Hace ya 50 años de la muerte del poeta chileno, premio nobel, Pablo Neruda. En el momento se dijo que su deceso se debió a un cáncer en la próstata, no obstante, recientemente se difundió un dictamen forense en el cual se da a conocer que el poeta contenía en su cuerpo restos de la bacteria del botulismo.

Aunque su chofer fue el primero en dar a conocer que el poeta pudo haber sido objeto de homicidio al interior de la clínica de Santamaria de Santiago, a la que fue llevado para buscar a minorar las molestias propias del cáncer en la próstata, esto nadie los desconoce, sin que se afirme que estuviera en estado terminal.

Pero por qué y quiénes pudieron mandar a matar al poeta. En todo el mundo se sabia sobre la militancia política de Neruda y de su gran amistad con Salvador Allende a quien habían acabado de derrocar los militares bajo el mando de Augusto Pinochet, tanto así que las personas cercanas a él cuentan lo afectado que quedo el poeta después del golpe y la muerte de su amigo, hasta se ha llegado a asegurar que por motivo de esa tristeza el cáncer agravo la salud de Neruda.

De una u otra forma ante la muerte del premio nobel bien se puede afirmar que fue una consecuencia más del infame acto criminal mediante el cual la extrema derecha chilena se tomó el poder, que como tal Pablo Neruda es una victima más entre los ajusticiados allá en las mazmorras de los llamados cuerpos de seguridad chilena, otro desaparecido debido a su compromiso político.

Existen versiones de como el régimen del déspota que asumía el poder trato de mandar a detener al poeta en su lugar de residencia Isla Negra, que lo llamó a decirle que era mejor que aceptara salir del país, sin que ni el arresto y la expatriación hubiesen sido posibles puesto que el poeta se había negado a lo uno y su detención habría sido ante el mundo una acción que ponía en evidencia la brutalidad con la cual se tomaban el poder los militares apoyados por esa derecha para la cual convertían en humo y ruinas el poder socialista ganado en las urnas.

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Es que los aedos por su amor a libertad son mal vistos por esos sectores de la sociedad siempre temeroso de tener que cualquier día dejar de contar con servidumbre, cuerpos para su satisfacción, de pretextos para su insolencia y de seres simples que les recuerden porque son importantes.

Nada más peligroso para los generadores de infamias que una memoria siempre viva, un decir constante, esa conciencia que no se cansa de reclamarles por el dolor causado y la soledad convertida en manta para los huérfanos y las viudas de sus víctimas. 

Dirán desde la diestra, en donde se han acomodado para validar ese lugar como propio de los que supuestamente están más cerca de lo bueno, que los poetas verdaderos no son los que como Pablo Neruda o Víctor Jara han colocado sus versos al servicio de las más nobles causas, estas si bendecidas por los dioses, la de la justicia social y el bienestar de los que han sido convencidos de tener que arrastrar cadenas y de no dormir para no soñar.

Desde ese puesto convertido en símbolo de la legalidad y el orden aplaudirán a sus componedores de coplas mediante las cuales los alagan, los surten de gracias, los elevan y disfrazan de afortunados por contar con ellos para la buena salud de sus egos.

No obstante, poeta es este cuyo canto alerta, así sea para que después de los sucesos alguien maldiga no haber escuchado cuando dijo: “El día pálido se asoma, con un desgarrador olor frio”