Hay historias que nacen de grandes proyectos y otras que comienzan con una pregunta sencilla, pero cargada de humanidad. La historia del Comedor Solidario Pasto pertenece a estas últimas. Su origen está ligado a la sensibilidad de una persona que decidió no ser indiferente frente a una situación de necesidad y que, a partir de ese momento, emprendió un camino que con el paso de los años se convertiría en una importante labor social al servicio de quienes más lo necesitan.
Todo comenzó el 27 de agosto de 2018, cuando Leodan David Trejo observó una escena que lo llevó a reflexionar profundamente sobre la realidad que enfrentan muchas personas en condición de vulnerabilidad. Una habitante de calle, acompañada de sus hijos, se encontraba buscando comida entre la basura. Aquella imagen, que para muchos podría haber pasado inadvertida en medio de la cotidianidad de la ciudad, generó una pregunta que terminaría marcando el inicio de una misión: ¿cómo ayudar?
Mano amiga
La respuesta surgió desde la solidaridad. Lo que inicialmente fue el deseo de brindar alimento a una persona y a sus hijos fue creciendo hasta convertirse en una iniciativa permanente. Así nació el Comedor Solidario Pasto, una labor que con el paso de los años ha logrado convertirse en una mano amiga para diferentes sectores de la población que enfrentan dificultades económicas, sociales y familiares.
Desde entonces, niños, familias, adultos mayores, habitantes de calle y personas que atraviesan distintas situaciones de vulnerabilidad han encontrado en esta iniciativa un espacio de apoyo y solidaridad. Cada jornada representa una oportunidad para compartir un alimento, entregar una ayuda, escuchar una historia y, sobre todo, demostrar que las personas que atraviesan momentos difíciles no están completamente solas.
Jornadas humanitarias
Sin embargo, la historia del Comedor Solidario Pasto va mucho más allá de la entrega de un plato de comida. Detrás de cada jornada existe el esfuerzo de numerosas personas que han decidido aportar desde sus propias posibilidades. Algunos entregan alimentos, otros donan ropa, cobijas y elementos de primera necesidad, mientras que otros ponen a disposición su tiempo y su trabajo para ayudar en las diferentes actividades. Es precisamente esa suma de voluntades la que ha permitido que esta labor permanezca durante ocho años. La solidaridad se ha convertido en una cadena en la que cada persona aporta algo para que la ayuda pueda llegar a quienes la necesitan. No importa si la contribución es grande o pequeña, porque cada gesto termina formando parte de un propósito común.



