La observación de los recursos hídricos desde el espacio está adquiriendo un papel cada vez más importante frente a los efectos del cambio climático, las sequías y la creciente presión sobre el agua dulce. En este contexto, los satélites de la misión Copernicus Sentinel-3, desarrollada en el marco de la cooperación europea, ofrecen herramientas para estudiar grandes masas de agua y seguir variables como su temperatura superficial, extensión y nivel.
Sin embargo, hay una precisión importante respecto a la información planteada en el enunciado original de esta nota: la Agencia Espacial Europea (ESA) no ha puesto en órbita, hasta el 11 de agosto de 2026, un nuevo satélite Sentinel dedicado exclusivamente a medir las tasas de evaporación de los grandes lagos.
Lo que sí está ocurriendo es igualmente relevante. El Copernicus Sentinel-3C, tercera unidad de la serie Sentinel-3, se encuentra en preparación para su lanzamiento desde el puerto espacial europeo de Kourou, en Guayana Francesa. La ESA informó en julio que su lanzamiento está previsto para septiembre de 2026, a bordo de un cohete Vega-C.
La misión forma parte de una estrategia mucho más amplia: utilizar observaciones espaciales para comprender cómo cambia la superficie terrestre y, en particular, cómo evolucionan los océanos, ríos, lagos, hielos y otros componentes del sistema climático.
Un satélite que todavía no está en órbita
El Sentinel-3C no debe confundirse con un satélite que ya haya comenzado a realizar nuevas mediciones desde el espacio. Según la información oficial de la ESA, el lanzamiento de esta unidad está programado para septiembre de 2026 desde el Centro Espacial de Guayana.
En julio, tanto Sentinel-3C como el satélite científico FLEX llegaron a Europa’s Spaceport para comenzar sus respectivas campañas de lanzamiento. Allí deben pasar por inspecciones, pruebas, preparación, carga de combustible y otras operaciones antes de ser instalados en el cohete Vega-C.
Por tanto, afirmar que la ESA «puso en órbita» recientemente un Sentinel especializado exclusivamente en evaporación sería incorrecto. La realidad es más interesante: la familia Sentinel-3 ya cuenta con capacidades que permiten estudiar los cambios de los cuerpos de agua, mientras que Sentinel-3C está destinado a reforzar la continuidad de estas observaciones.
¿Qué tiene que ver Sentinel-3 con la evaporación?
La evaporación es uno de los componentes fundamentales del balance hídrico de un lago. Cuando el agua pasa de estado líquido a vapor, abandona la superficie del lago y entra en la atmósfera. Aunque este proceso parece sencillo, calcular exactamente cuánta agua se pierde resulta complejo.
La cantidad de agua que se evapora depende de múltiples factores, entre ellos:
- la temperatura de la superficie del agua;
- la temperatura y humedad del aire;
- la velocidad y dirección del viento;
- la radiación solar;
- la presión atmosférica;
- la superficie expuesta del lago;
- la estación del año;
- las características físicas del propio lago.
Por eso, un satélite no necesita «ver» directamente cada molécula de agua que se evapora para contribuir al cálculo. En su lugar, proporciona diferentes variables que pueden incorporarse a modelos hidrológicos y balances de agua.
Esta distinción es fundamental para comprender qué hacen realmente los Sentinel.
Sentinel-3 observa diferentes variables al mismo tiempo
Una de las principales fortalezas de Sentinel-3 es que combina varios instrumentos diseñados para observar diferentes características de la superficie terrestre.
Entre ellos se encuentra el Sea and Land Surface Temperature Radiometer (SLSTR), un radiómetro que permite obtener información sobre la temperatura de la superficie terrestre y marina. La ESA señala que puede realizar mediciones globales de temperatura superficial diariamente, con una precisión superior a 0,3 K.
Otro instrumento es el Ocean and Land Colour Instrument (OLCI). Cuenta con 21 bandas espectrales y permite estudiar características relacionadas con el color del océano, la vegetación, los aerosoles y la calidad del agua. Su resolución espacial es de aproximadamente 300 metros.
También está el Synthetic Aperture Radar Altimeter (SRAL), un altímetro radar capaz de realizar mediciones sobre océanos y superficies continentales. Entre sus aplicaciones se encuentra la medición de la altura de grandes lagos y ríos.
Finalmente, Sentinel-3 incorpora un radiómetro de microondas (MWR), utilizado principalmente para realizar correcciones atmosféricas necesarias para las mediciones del altímetro radar.
La combinación de estos instrumentos es la que convierte a Sentinel-3 en una herramienta particularmente útil para la observación de los sistemas acuáticos.
El nivel de un lago también cuenta una historia
Uno de los datos más importantes para estudiar la evolución de un lago es su nivel de agua.
El altímetro radar de Sentinel-3 puede medir la altura de la superficie de grandes cuerpos de agua. Estas mediciones permiten construir series temporales y observar si el nivel de un lago está aumentando, disminuyendo o experimentando variaciones estacionales. La propia iniciativa Copernicus ha señalado que el nivel del agua de los lagos es fundamental para comprender la diferencia entre las entradas de agua, como la lluvia y la escorrentía, y las pérdidas, entre ellas la evaporación.
Esto permite plantear una idea sencilla: si se conoce cuánto cambia el nivel de un lago, cuánto llueve sobre él, qué cantidad de agua entra mediante ríos y cuánto sale por sus desagües, es posible aproximarse a la cantidad de agua que se está perdiendo.
La evaporación aparece así como una pieza del balance hídrico.
La observación espacial no sustituye a las mediciones en tierra
Aunque los satélites ofrecen una perspectiva extraordinariamente amplia, no significa que las estaciones meteorológicas, las mediciones de campo y los instrumentos instalados directamente en los lagos hayan dejado de ser necesarios.
De hecho, uno de los grandes desafíos científicos consiste precisamente en combinar información procedente de distintas fuentes.
Un estudio publicado en Applied Water Science en marzo de 2026 utilizó imágenes de Sentinel-3 junto con datos de campo y una ecuación de balance hídrico para estimar las pérdidas por evaporación y filtración en el lago de la presa de Asuán, en Egipto. Los investigadores calcularon una pérdida media mensual por evaporación de aproximadamente 1,41 millones de millones de litros de agua durante 2021, valor cercano a las estimaciones oficiales utilizadas como referencia.
El estudio estimó además una tasa media de evaporación de aproximadamente 210,88 milímetros por mes, cercana al valor calculado por la autoridad responsable del lago.
Este caso muestra algo importante: Sentinel-3 ya puede utilizarse en investigaciones científicas para estimar evaporación, pero mediante la combinación de observaciones satelitales, datos de campo y modelos hidrológicos, no mediante un sensor que mida directamente la evaporación desde el espacio.
¿Por qué es tan importante medir la evaporación?
La evaporación puede representar una pérdida considerable de agua en regiones cálidas y secas.
En determinados lagos y embalses, especialmente aquellos ubicados en zonas áridas, la cantidad de agua que regresa a la atmósfera puede alcanzar volúmenes enormes. Esto tiene consecuencias directas sobre la disponibilidad de agua para consumo humano, agricultura, generación hidroeléctrica y ecosistemas.
El caso del lago Nasser, asociado a la presa de Asuán, permite dimensionar el problema. El estudio publicado en 2026 señala que las pérdidas anuales por evaporación se han estimado históricamente entre 10.000 y 16.000 millones de metros cúbicos, dependiendo de las condiciones y del método utilizado.
Por eso, conocer mejor la evaporación no es solamente una cuestión académica. También puede convertirse en una herramienta para tomar decisiones sobre la gestión del agua.
El cambio climático añade una nueva dificultad
La necesidad de mejorar estas mediciones se vuelve todavía más importante a medida que cambian las condiciones climáticas.
La evaporación de un lago no depende únicamente de que la temperatura aumente. También intervienen el viento, la humedad, la radiación, la duración de las estaciones y las características del propio cuerpo de agua.
Además, los lagos tienen una influencia importante sobre las condiciones atmosféricas de sus alrededores. Una investigación publicada en Communications Earth & Environment en 2026 encontró que los grandes lagos pueden modificar el transporte de calor y humedad hacia las zonas terrestres próximas, alterando características de la atmósfera cercana a su superficie.
Esto demuestra que los lagos no son simplemente depósitos pasivos de agua: forman parte activa del sistema climático.
Sentinel-3C ampliará la continuidad de las observaciones
La llegada de Sentinel-3C busca mantener y fortalecer la capacidad de observación de la misión Copernicus Sentinel-3.
De acuerdo con la ESA, Sentinel-3C será la tercera unidad de esta serie y está diseñado para proporcionar datos prácticamente en tiempo real destinados, entre otras aplicaciones, a la predicción meteorológica y oceánica. Sus instrumentos medirán variables como la altura de la superficie del océano, temperaturas superficiales, color del océano y características del hielo marino.
Su lanzamiento está previsto para septiembre de 2026 mediante un Vega-C desde la Guayana Francesa.
La misión Sentinel-3, en conjunto, opera a una altitud aproximada de 815 kilómetros y cuenta con cuatro instrumentos principales que trabajan de manera complementaria.
Los satélites no solo sirven para estudiar lagos
El alcance de Sentinel-3 es mucho mayor.
Sus datos se emplean para estudiar océanos, temperaturas superficiales, vegetación, hielo, calidad del agua, incendios y diferentes procesos terrestres y atmosféricos. La misión fue concebida precisamente para proporcionar una visión amplia y sistemática del planeta.
La observación de lagos es solo una parte de esta estrategia.
Por ejemplo, la ESA ha mostrado imágenes obtenidas mediante Sentinel-2 y Sentinel-3 del lago Titicaca, uno de los grandes cuerpos de agua de Sudamérica. Las observaciones satelitales permiten analizar características del lago y detectar tendencias ambientales a lo largo del tiempo.
En este tipo de aplicaciones, las imágenes desde el espacio permiten cubrir áreas que serían extremadamente difíciles y costosas de vigilar de manera permanente mediante equipos instalados en tierra.
Una nueva generación de datos para la gestión del agua
La importancia de Sentinel-3 no radica, por tanto, en que exista un supuesto «satélite de evaporación» dedicado exclusivamente a los lagos. Su verdadero valor está en la combinación de diferentes tipos de información.
Temperatura, superficie, nivel del agua, características ópticas y variables atmosféricas pueden analizarse conjuntamente. Posteriormente, modelos matemáticos e hidrológicos pueden utilizar estos datos para estimar procesos que no pueden observarse directamente desde un satélite.
Esta tendencia ya se extiende a otras misiones. La ESA, por ejemplo, ha trabajado en proyectos que combinan datos de Sentinel-2 y Sentinel-3 con modelos y aprendizaje automático para generar mapas relacionados con la evapotranspiración.
El objetivo es pasar de una simple fotografía de la Tierra a una comprensión cuantitativa de cómo se mueve el agua dentro del sistema terrestre.
Un paso importante, pero sin exagerar sus capacidades
La tecnología satelital está transformando la manera en que científicos y autoridades pueden vigilar los recursos hídricos. Pero presentar estas misiones como instrumentos capaces de medir directamente y de forma aislada la evaporación de todos los lagos sería una simplificación.
La realidad es más sofisticada.
Sentinel-3 proporciona observaciones esenciales que pueden utilizarse para calcular o mejorar las estimaciones de evaporación, especialmente cuando se combinan con información meteorológica, mediciones en tierra y modelos de balance hídrico.
Y el próximo lanzamiento de Sentinel-3C representa una oportunidad para mantener la continuidad de estas observaciones y ampliar la capacidad europea para estudiar los cambios que experimentan los océanos, los lagos, los ríos, el hielo y la superficie terrestre.
En un escenario marcado por sequías más frecuentes en algunas regiones, presión sobre los recursos de agua dulce y cambios en las condiciones climáticas, disponer de observaciones sistemáticas desde cientos de kilómetros sobre la superficie puede ser decisivo.
La verdadera noticia, entonces, no es que Europa haya colocado ya en órbita un satélite exclusivo para medir la evaporación de los grandes lagos. La noticia es que la observación satelital está convirtiéndose en una de las herramientas fundamentales para reconstruir, medir y comprender desde el espacio cómo se pierde y se conserva el agua en nuestro planeta.

