Investigadores británicos exploran vacunas capaces de proteger frente a múltiples virus respiratorios

Londres, Reino Unido. La investigación de nuevas estrategias para prevenir las infecciones respiratorias está ganando impulso en el Reino Unido, donde científicos de instituciones como Imperial College London trabajan en vacunas y tratamientos preventivos destinados a ofrecer una protección más amplia frente a los virus que afectan las vías respiratorias.

Sin embargo, existe una precisión importante respecto a algunas versiones que han circulado sobre este tema: no hay evidencia disponible que permita afirmar que investigadores británicos hayan iniciado en 2026 un ensayo de fase avanzada de una vacuna en aerosol destinada a prevenir, de manera general, las infecciones del tracto respiratorio superior.

Lo que sí está documentado es un conjunto de investigaciones que se encuentran en diferentes etapas. Entre ellas destaca una vacuna experimental contra los rinovirus, principales responsables del resfriado común, desarrollada mediante una colaboración entre Imperial College London y la empresa biotecnológica Apollo Therapeutics. Este candidato, denominado APL-10456, ya llegó a ensayos clínicos en humanos, aunque se encuentra en fase 1, no en una fase avanzada, y el ensayo se realiza en Australia.

Paralelamente, Imperial College London participa en otros proyectos británicos destinados a desarrollar formas de protección más amplias frente a distintos virus respiratorios. Algunos de estos programas todavía se encuentran en etapas preclínicas y contemplan ensayos de fase 1 y posteriormente estudios de fase 2a si los resultados iniciales son satisfactorios.

Una de las principales dificultades: la enorme diversidad de los rinovirus

El resfriado común parece una enfermedad sencilla en comparación con infecciones respiratorias más graves, pero desarrollar una vacuna contra sus principales agentes causales representa un desafío científico considerable.

Una de las razones es la enorme diversidad de los rinovirus. Los investigadores estiman que existen alrededor de 180 tipos diferentes, distribuidos principalmente entre las especies RV-A, RV-B y RV-C. Esta diversidad ha dificultado durante años la creación de una vacuna capaz de generar una respuesta suficientemente amplia.

El problema es que una respuesta inmunitaria eficaz frente a una variante concreta no necesariamente ofrece una protección equivalente frente a otra. Por ello, una vacuna tradicional dirigida contra un número reducido de variantes podría tener una utilidad limitada.

El proyecto de APL-10456 intenta solucionar precisamente este obstáculo mediante un enfoque que busca generar respuestas inmunitarias capaces de reconocer diferentes especies de rinovirus.

Los resultados iniciales publicados en agosto de 2026 indicaron que una sola dosis produjo respuestas inmunitarias frente a representantes de las tres principales especies de rinovirus estudiadas. No obstante, estos resultados son principalmente inmunológicos: todavía se necesita demostrar en estudios posteriores que la respuesta generada realmente se traduce en una reducción de las infecciones o de las complicaciones respiratorias.

¿En qué fase se encuentra realmente esta vacuna?

La investigación de APL-10456 se encuentra en fase 1, una etapa cuyo objetivo principal es evaluar la seguridad, la tolerabilidad y la respuesta inmunitaria inicial de un candidato antes de avanzar a estudios de mayor tamaño.

El ensayo incluyó 144 voluntarios sanos. La primera parte estudió diferentes dosis en adultos de entre 18 y 54 años, mientras que una segunda etapa evalúa un esquema de dos dosis en adultos de 55 años o más. Los investigadores esperan obtener información adicional de esta segunda parte durante el cuarto trimestre de 2026.

Los primeros resultados comunicados fueron favorables desde el punto de vista de tolerabilidad. Se reportaron principalmente reacciones leves o moderadas en el lugar de la inyección y no se comunicaron acontecimientos adversos graves en la primera parte del estudio.

Esto no significa, sin embargo, que la vacuna ya haya demostrado prevenir el resfriado común.

Una vacuna puede producir una respuesta inmunitaria detectable sin que todavía se haya demostrado que evita la infección o disminuye significativamente los síntomas en la población. Precisamente por eso son necesarias las siguientes fases de investigación.

El siguiente paso será comprobar si la respuesta inmunitaria protege realmente

La diferencia entre demostrar inmunogenicidad y demostrar eficacia clínica es fundamental.

En la primera fase se estudia, entre otras cosas, si el organismo produce una respuesta inmunitaria después de recibir el candidato. En fases posteriores se necesita comprobar si esa respuesta tiene un efecto concreto sobre la enfermedad.

En el caso de APL-10456, el objetivo a más largo plazo está relacionado especialmente con pacientes que padecen enfermedades respiratorias crónicas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el asma.

Los rinovirus no solamente producen resfriados. También pueden desencadenar exacerbaciones de enfermedades respiratorias crónicas, provocando un empeoramiento de los síntomas y aumentando la necesidad de atención médica.

De acuerdo con el calendario anunciado por los desarrolladores, un estudio de fase 2 dirigido a la prevención de exacerbaciones de EPOC está previsto para la primera mitad de 2027, siempre que el desarrollo continúe según lo previsto.

¿Y qué ocurre con las vacunas en aerosol o por la nariz?

Las vacunas administradas por vía nasal o mediante sistemas inhalados constituyen otra línea de investigación importante en el campo de las enfermedades respiratorias.

La lógica científica detrás de esta estrategia es diferente de la de una vacuna inyectada. El sistema respiratorio constituye uno de los principales puntos de entrada de numerosos virus, por lo que los investigadores estudian si una vacuna administrada directamente en las mucosas puede generar una respuesta inmunitaria localizada en las vías respiratorias.

Una revisión científica publicada en 2026 señala que las vacunas intranasales e inhaladas contra enfermedades respiratorias han avanzado considerablemente y que algunas plataformas ya han demostrado seguridad. Sin embargo, la capacidad para producir una inmunidad mucosal fuerte y protectora en humanos continúa siendo uno de los principales desafíos.

Por esta razón, no debe confundirse automáticamente una vacuna nasal, un aerosol y una vacuna convencional inyectable. Son tecnologías diferentes y cada una necesita demostrar su seguridad y eficacia mediante sus propios ensayos.

El Reino Unido también investiga una protección más amplia contra varios virus

Más allá de una vacuna específica contra el rinovirus, Imperial College London participa en una iniciativa financiada por la Advanced Research and Invention Agency (ARIA) del Reino Unido para estudiar nuevas formas de protección frente a virus respiratorios.

En junio de 2026, Imperial anunció que sus investigadores habían obtenido 12,7 millones de libras dentro de un programa de ARIA dedicado a desarrollar nuevas estrategias de protección frente a virus respiratorios. El programa general cuenta con una financiación de 57 millones de libras y reúne varios equipos de investigación.

Una de las líneas estudia por qué algunas personas parecen resistir determinadas infecciones respiratorias incluso después de estar expuestas repetidamente a los virus.

La idea consiste en identificar qué mecanismos del sistema inmunitario pueden impedir que una infección llegue a establecerse y, posteriormente, estudiar si esos mecanismos podrían utilizarse para desarrollar nuevas herramientas preventivas.

Hacia una posible vacuna de amplio espectro

Otra parte del programa financiado por ARIA busca desarrollar lo que los investigadores describen como un posible enfoque de vacuna universal, capaz de ofrecer protección frente a diferentes virus o cepas en lugar de estar limitada a un único patógeno.

En este proyecto, la etapa inicial de descubrimiento se realizará mediante estudios preclínicos en ratones en colaboración con investigadores de Stanford University. Posteriormente, si los resultados lo permiten, se contempla una fase 1 en humanos y una fase 2a mediante estudios controlados de infección humana en Imperial College London.

Esto significa que este programa todavía no representa una vacuna disponible para la población ni un tratamiento aprobado. Se trata de investigación en desarrollo y existen varias etapas que deben superarse antes de determinar si la estrategia funciona en personas.

¿Por qué se buscan vacunas más amplias?

Las vacunas tradicionales suelen diseñarse alrededor de un determinado virus o de variantes concretas. Este modelo ha demostrado ser útil frente a numerosas enfermedades, pero presenta dificultades cuando un patógeno posee una gran diversidad genética o cambia con frecuencia.

El caso de los rinovirus es especialmente complejo debido al elevado número de variantes existentes.

Una vacuna capaz de generar una respuesta contra diferentes familias o especies podría reducir la necesidad de diseñar soluciones independientes para cada variante. Sin embargo, conseguir esa amplitud sin comprometer la seguridad o la eficacia es uno de los principales retos científicos.

En el proyecto APL-10456, los investigadores han intentado abordar este problema utilizando un antígeno seleccionado por su similitud entre diferentes cepas y combinándolo con adyuvantes destinados a favorecer determinadas respuestas de las células T. Los estudios preclínicos publicados previamente encontraron respuestas frente a diferentes tipos de rinovirus, resultados que ayudaron a justificar el paso a los ensayos en humanos.

No es todavía una vacuna contra «todas» las infecciones respiratorias

La posibilidad de contar algún día con una vacuna capaz de proteger frente a múltiples virus respiratorios es uno de los objetivos más ambiciosos de esta área, pero la investigación actual todavía está lejos de permitir esa conclusión.

Los virus respiratorios incluyen grupos muy diferentes, entre ellos influenza, coronavirus, virus respiratorio sincitial, rinovirus y muchos otros patógenos. Una estrategia que funcione contra uno de ellos no necesariamente será eficaz contra los demás.

Por eso, los proyectos actualmente desarrollados deben analizarse individualmente.

En el caso de APL-10456, el objetivo está relacionado con los rinovirus y las exacerbaciones de enfermedades respiratorias como el asma y la EPOC. En otros proyectos de Imperial, el objetivo es comprender y estimular mecanismos de inmunidad innata que podrían ofrecer una protección más amplia.

¿Qué falta para que estas investigaciones lleguen a los pacientes?

El camino desde un candidato experimental hasta una vacuna aprobada puede ser largo.

Después de los estudios iniciales de fase 1, los investigadores necesitan realizar estudios de mayor tamaño para determinar con mayor precisión la eficacia y continuar evaluando la seguridad. Dependiendo del candidato, posteriormente pueden ser necesarios ensayos de fase 3 antes de solicitar autorización a las autoridades regulatorias.

En el caso de APL-10456, los resultados disponibles en 2026 representan un primer paso clínico, no la conclusión del desarrollo. La propia información difundida por Imperial señala que todavía se necesitan investigaciones adicionales para determinar si el candidato puede prevenir las infecciones por rinovirus o reducir las enfermedades asociadas a ellas.

Este punto es especialmente importante porque los titulares sobre nuevos candidatos vacunales pueden generar la impresión de que una vacuna está próxima a llegar al mercado cuando en realidad todavía se encuentra en una etapa experimental.

Una nueva generación de investigación respiratoria

Los avances registrados durante 2026 muestran que la investigación contra las enfermedades respiratorias está explorando varias estrategias simultáneamente: vacunas contra virus concretos, vacunas con potencial de protección cruzada, vacunas administradas por vía nasal y tratamientos preventivos destinados a reforzar las defensas naturales de las vías respiratorias.

En el Reino Unido, Imperial College London participa en varias de estas líneas de investigación, mientras que colaboraciones internacionales permiten llevar otros candidatos a ensayos clínicos fuera del país.

El interés científico responde a un problema que continúa teniendo un impacto considerable: las infecciones respiratorias son una causa frecuente de enfermedad y, en personas con patologías pulmonares crónicas, algunos virus aparentemente comunes pueden desencadenar complicaciones importantes.

Por ahora, la evidencia disponible no respalda afirmar que el Reino Unido haya iniciado un ensayo avanzado de una vacuna en aerosol capaz de prevenir de forma general las infecciones del tracto respiratorio superior. Lo que sí existe es una cartera de investigaciones en distintas etapas, incluyendo una vacuna experimental contra el rinovirus que ya ha demostrado capacidad para generar respuestas inmunitarias amplias en una primera fase clínica.

Los próximos resultados serán determinantes para saber si esas respuestas inmunológicas pueden convertirse en una protección clínica real. Para APL-10456, los investigadores esperan nuevos datos durante el cuarto trimestre de 2026 y contemplan una fase 2 en 2027, mientras que otros programas británicos todavía deben superar las etapas preclínicas antes de llegar a ensayos más avanzados.

El contexto, en pocas palabras

La noticia detrás del interés actual no es todavía la llegada de una nueva vacuna respiratoria al mercado, sino el avance de varias líneas de investigación que intentan superar algunas de las limitaciones de las vacunas tradicionales.

El candidato APL-10456 constituye uno de los ejemplos más recientes: ha pasado de años de investigación preclínica a pruebas en humanos y ha generado respuestas inmunitarias frente a las tres principales especies de rinovirus. Al mismo tiempo, investigadores británicos trabajan en estrategias de protección más amplias contra diferentes virus respiratorios.

El reto ahora es transformar esos resultados iniciales en evidencia clínica sólida. Solo entonces será posible determinar si estas nuevas tecnologías pueden convertirse en herramientas reales para prevenir enfermedades respiratorias.

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