DAVID TRUJILLO

Nos quedó grande convivir en el mundo

Por: David Fajardo .

El 21 de enero de 2019 comenzaba a regir el decreto 010 de la Alcaldía de Pasto, el cual buscaba erradicar la circulación de vehículos de tracción animal en la capital nariñense, un pequeño pero valeroso triunfo en la lucha por los derechos de los animales, que aún a día de hoy y tras una pandemia que alejó todo rastro de vida humana de los bosques, las plazas y las zonas turísticas, los casos de equinos maltratados en algunos municipios de Nariño persisten; incluso en el primer semestre del pasado año se reportó la atención de más de 7.000 casos de maltrato animal sólo en Bogotá de acuerdo a cifras reportadas por el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal.

Entonces ¿Hasta dónde llegará la crueldad humana en su egocéntrica existencia, creyéndose la única especie sobre la superficie del planeta?

Actualmente las sanciones no superan los 50 salarios mínimos en el caso de provocar lesiones y hasta 36 meses cuando se ocasiona el deceso del animal, que, puesto a comparación con el delito de hurto simple, que puede llegar entre los 32 y 108 meses de prisión dependiendo la cuantía del robo y teniendo en cuenta que no comprometa hechos de violencia o intimidación demuestra una preocupante diferencia ¿No es entonces endurecer las penas y sanciones una respuesta más que necesaria?

Paralelamente a las cifras previamente mencionadas, el pasado 25 de abril la Cámara Baja del Congreso de la República tumbaba el proyecto para prohibir las corridas de toro y en 2018 la Corte Constitucional reconocía en estas un valor de tradición y cultura y delegaba en el congreso la tarea restrictiva de las mismas. Es evidente entonces, que en esfuerzos legislativos y de políticas públicas de prevención, Colombia se queda corto en medio de una cultural, social y de educación, que necesariamente debe afrontar este problema desde las aulas de clase, buscando incentivar el respeto por todos los seres vivos con los que compartimos existencia y es que ¿Qué tan grande es el reto del respeto para los colombianos en un país dónde transitar por las calles parece a veces mortal, tener un ligero desacuerdo político ha llevado en muchos casos a la violencia? ¿O es acaso que ser capaces de ser “seres civilizados” aprovechándonos de nuestra supuesta racionalidad nos está quedando grande?

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No pido que de la noche a la mañana abracemos a un perro sin hogar o que alimentemos animales callejeros, lo esencial es convivir, entender que NO somos la especie única y con el poder absoluto sobre todo a nuestro alrededor, sino que más bien existen ecosistemas y organismos en ellos, todos con una función simbiótica específica y en dónde paradójicamente el humano se ha convertido en una plaga que ni luego de ver en pandemia cómo sin su rastro la vida sigue, parece aprender que ni es indispensable y que no es el centro de giro del mundo.