POR: VICTOR RIVAS MARTINEZ.
Hace cuatro años tuve el privilegio de visitar España. En Madrid hice un recorrido acompañado de un guía de cerca de 70 años. En ese día visitamos al menos 5 sitios turísticos, incluyendo el museo del Prado en donde observé cuadros de Velásquez, El Greco, Goya, Tiziano, Rubens y el Bosco, que me dejaron la boca abierta.
Si bien la visita al Museo del Prado fue maravillosa, hecho que justificó mi viaje, lo que me disgustó, fue cuando el guía nos llevó a visitar una iglesia, cuyo nombre no recuerdo, y nos dijo: “Tómense el tiempo que requieran y observen con detenimiento todo lo que en ella existe, ya que al terminar la visita voy a hacerles un examen”.
Una vez en el recinto, quedé maravillado por la concepción arquitectónica y belleza del templo. Observé cuadros con marcos cuidadosamente elaborados, colocados sobre un altar y paredes que brillaban ostentosamente.
Al terminar la visita, salí del recinto junto con turistas ecuatorianos, peruanos, bolivianos, mexicanos y panameños. El guía preguntó: ¿Qué observaron? Cada uno de nosotros comentamos lo que habíamos visto. El guía dijo: ¿saben de qué están forrados los marcos de los cuadros, las tallas, las paredes y el altar del templo? Al acto respondió:” Están forrados de oro”. Y pregunto: ¿Y se imaginan de dónde vino ese oro? De inmediato dijo: “Ese oro vino de Latinoamérica. Lo trajeron los conquistadores españoles”.
En ese instante nos daban ganas de coger a patadas al guía. Sin embargo, entendimos que él no tenía la culpa. Pidió excusas y con una sonrisa burlona se despidió del lugar con una caminar lento, propia de su edad. Antes de retirarse dijo: “Los conquistadores que envió la monarquía eran delincuentes salidos de nuestras cárceles que acabaron con su cultura, religión y les impuso nuestro idioma”.
Las monarquías son modelos de gobierno arcaicos, propias de las épocas de la esclavitud, que en pleno siglo XXI, no debían existir. Por eso estoy aburrido de ver todo el despliegue por los medios de comunicación de la muerte de la Reina de Inglaterra, cuando su reinado en nada ha contribuido al mejoramiento de la calidad de sus súbditos. Por eso digo: “No más monarquías. Prefiero la democracia por imperfecta que sea”.




