Más de un millón de niños en Gaza sufren traumas severos. No solo han perdido sus casas, escuelas y familiares; han tenido que ver cuerpos mutilados y recoger restos humanos en las calles de forma repetitiva.Les han robado lo más sagrado: la sensación de seguridad. Hoy, ningún niño en Gaza se acuesta con la certeza de que despertará mañana. No tienen una habitación donde cerrar la puerta y sentirse a salvo. La guerra no solo destruye sus hogares, está destruyendo por completo su capacidad de confiar en el mundo.





