La Secretaría de Educación de Bogotá está preparando una nueva resolución para regular el uso de celulares y otros dispositivos tecnológicos en los 412 colegios oficiales de la ciudad. La propuesta busca establecer normas claras sobre el uso de teléfonos, tabletas y otros aparatos durante toda la jornada escolar, incluyendo no solamente las clases, sino también los momentos de descanso y los recreos. Las reglas serían diferentes dependiendo de la edad y el nivel educativo de los estudiantes.
Uno de los principales objetivos de esta iniciativa es reducir el uso excesivo de pantallas dentro de los colegios y recuperar espacios destinados a la interacción presencial, el juego, la conversación y la convivencia. La propuesta plantea que, especialmente durante la primera infancia, el uso de dispositivos sea mínimo. En los grados superiores, en cambio, la tecnología podría utilizarse cuando tenga una finalidad educativa, siempre que exista acompañamiento por parte de los docentes.
Una de las novedades más importantes es que las restricciones no se aplicarían únicamente dentro de los salones. La Secretaría de Educación contempla que también se regulen los celulares durante los recreos, debido a que estos espacios son considerados importantes para que los estudiantes compartan con sus compañeros, desarrollen habilidades sociales, jueguen y tengan momentos de descanso alejados de las pantallas.
La propuesta surge después de diferentes discusiones realizadas en los Foros Educativos Institucionales y Distritales, en los que participaron más de 77.000 estudiantes, profesores, directivos y familias. Durante estos encuentros, las comunidades educativas señalaron que el problema no consiste simplemente en decidir si los celulares deben estar prohibidos o permitidos. El debate también está relacionado con la manera en que los estudiantes utilizan la tecnología y con los efectos que tienen los dispositivos y las plataformas digitales sobre la atención, el aprendizaje, la convivencia y el bienestar emocional y social.
Por esta razón, la regulación propuesta estaría acompañada de estrategias de formación, ciudadanía digital y mediación pedagógica. También se considera importante que las familias tengan una mayor participación y responsabilidad en el establecimiento de hábitos saludables relacionados con el uso de dispositivos tecnológicos.
Un estudio piloto realizado por la Secretaría de Educación a finales de 2025 también aportó información para entender la dimensión del problema. La investigación, realizada con aproximadamente 400 estudiantes, encontró que los jóvenes utilizan sus celulares durante más tiempo del que ellos mismos creen. Mientras los participantes calculaban que permanecían alrededor de seis horas diarias utilizando el teléfono, los registros mostraron un promedio de 7,3 horas de uso al día. En algunos casos, el tiempo superaba incluso las nueve horas diarias.
El estudio también reveló que el 95 % de los estudiantes participantes había intentado disminuir el tiempo que pasaba utilizando el celular, pero no había logrado hacerlo. Al mismo tiempo, el 76 % reconoció que el teléfono puede ser una herramienta útil para aprender, aunque buena parte del uso cotidiano de estos dispositivos no está relacionada con actividades académicas.
Estos resultados muestran uno de los principales desafíos que enfrenta la educación frente al crecimiento de la tecnología. Los celulares pueden ser herramientas importantes para consultar información, desarrollar actividades educativas y comunicarse, pero también pueden convertirse en una fuente constante de distracción cuando su utilización no tiene límites claros.
La nueva resolución también estaría relacionada con las disposiciones nacionales establecidas mediante el Decreto 0769 de 2026, que reglamenta la Ley 2489 de 2025 y busca promover entornos digitales más sanos y seguros para niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, desde Bogotá se considera que todavía existen aspectos que deben fortalecerse, especialmente en lo relacionado con la responsabilidad de las grandes plataformas digitales.
Entre las preocupaciones planteadas están la necesidad de contar con mejores mecanismos para verificar la edad de los usuarios, establecer edades mínimas para acceder a determinadas redes sociales y crear herramientas que permitan controlar o limitar el tiempo que los menores permanecen utilizando ciertas aplicaciones.
En conclusión, Bogotá busca avanzar hacia una nueva forma de relacionarse con la tecnología dentro de los colegios. La intención no sería eliminar completamente los celulares ni impedir que los estudiantes tengan contacto con las herramientas digitales, sino establecer límites de acuerdo con la edad, el contexto y la finalidad del uso.
La propuesta plantea recuperar espacios de convivencia presencial y reducir la dependencia de las pantallas, especialmente durante los momentos de descanso. Al mismo tiempo, reconoce que la tecnología puede tener un papel positivo en la educación cuando se utiliza de manera responsable y con orientación de los docentes.
El debate, por tanto, va mucho más allá de decidir si un estudiante puede sacar o no su celular durante una clase. La discusión busca encontrar un equilibrio entre los beneficios educativos de la tecnología y los riesgos asociados con su uso excesivo. Bogotá pretende que los colegios sean espacios donde los estudiantes puedan aprovechar las herramientas digitales, pero también tengan oportunidades para jugar, conversar, relacionarse cara a cara, concentrarse y desarrollar una convivencia saludable.




