Un estudio reciente de la NASA revela que la Tierra se ha vuelto progresivamente más oscura desde 2001, reflejando menos luz solar de lo esperado, un fenómeno que ha sorprendido a la comunidad científica por romper la simetría habitual entre hemisferios. La investigación fue publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
El equipo, liderado por Norman Loeb del Centro de Investigación Langley en Virginia, EE. UU., detectó que el hemisferio norte ha perdido gran parte de su capacidad reflectante, mientras que el hemisferio sur mantiene un ligero exceso de ganancia de energía radiativa en la atmósfera superior. Esta diferencia se descubrió tras analizar más de dos décadas de datos satelitales sobre el comportamiento de la radiación solar en el planeta.
Razones del oscurecimiento
Según el estudio, el albedo superficial—la capacidad de la Tierra para reflejar luz—ha disminuido en el hemisferio norte debido principalmente a la reducción de hielo marino y cobertura de nieve. Estas superficies, que antes reflejaban gran parte de la radiación solar, han retrocedido, dejando al planeta menos brillante.
Los científicos también señalan que cambios en vapor de agua, nubes y aerosoles influyen en la diferencia entre hemisferios. Los aerosoles, diminutas partículas suspendidas en la atmósfera, actúan como núcleos de condensación para las nubes y ayudan a reflejar la luz solar. En el hemisferio norte, la disminución de contaminación industrial en regiones como Europa, Estados Unidos y China ha reducido la presencia de estas partículas, disminuyendo el efecto reflectante.
En contraste, en el hemisferio sur, eventos como incendios forestales en Australia y la erupción del volcán Hunga Tonga en 2021 y 2022 incrementaron la cantidad de aerosoles, lo que aumenta la capacidad de reflejar la radiación solar.
Consecuencias y proyecciones
Aunque la diferencia de captación energética entre hemisferios—0,34 vatios por metro cuadrado por década—parece pequeña, es estadísticamente significativa y evidencia que los mecanismos naturales de equilibrio energético, como las corrientes oceánicas y atmosféricas, no han compensado completamente el cambio durante las últimas dos décadas.
Los hallazgos subrayan la compleja interacción entre el cambio climático, la actividad humana y los fenómenos naturales en la reflectividad terrestre, y plantean interrogantes sobre cómo estos desequilibrios podrían afectar el clima global en el futuro.
