Por: Pablo Emilio Obando A.
En tiempos preelectorales, cuando las encuestas marcan el ritmo de las conversaciones políticas y las redes sociales se saturan de cifras, gráficos y supuestas tendencias, es necesario hacer una pausa. Una pausa crítica, serena y reflexiva. Nariño no puede seguir tomando decisiones trascendentales para su destino con base en números fríos o simpatías heredadas. Es hora de mirar más allá de las encuestas.
El departamento necesita líderes que vayan más allá de los discursos aprendidos, de las fotos con sombrero y de los abrazos en campaña. Necesitamos representantes con trayectoria honesta, con propuestas concretas y, sobre todo, con la capacidad de convertir esas ideas en realidades para nuestras comunidades. Ya no basta con que un candidato sea de “nuestra corriente” o que nos caiga bien en redes sociales. . La política no puede seguir siendo un concurso de popularidad.
Nariño necesita dolientes. Senadores, representantes y líderes que hablen con fuerza en Bogotá, que consigan inversión, que exijan respeto por nuestra región y que proyecten a nuestro departamento en el escenario nacional. No más figuras decorativas. No más invisibilidad.
Este llamado es para todos los nariñenses: más allá de las encuestas, miremos con lupa a quienes quieren nuestro voto. No importan los colores ni las banderas partidistas; lo que importa es que elijamos con criterio, con visión de futuro, con el deseo profundo de ver a Nariño crecer, avanzar, ocupar el lugar que merece.
El verdadero cambio comienza en las urnas. Pero también en la conciencia de cada votante.
Pero más allá de los nombres, los partidos o los discursos, lo que verdaderamente debería centrar el debate son las urgencias históricas que arrastra Nariño. Una de ellas, la imperiosa necesidad de construir la doble calzada Pasto-Popayán, una obra vital para el desarrollo económico, la movilidad y la conexión del sur del país con el resto de Colombia. Esta carretera no puede seguir siendo una promesa de campaña; debe convertirse en una prioridad nacional.
Igualmente, es urgente integrar de forma efectiva el Pacífico Nariñense a la economía del país. Tumaco y toda la franja costera no pueden seguir viviendo al margen del desarrollo, aislados y olvidados. Además, el desabastecimiento constante de combustibles, que asfixia a nuestros sectores productivos, debe resolverse de manera estructural. Y lo más importante: Nariño necesita políticas claras para el fomento de la industria y la empresa. No podemos seguir atrapados en un modelo económico feudal, dependiente y empobrecido. Necesitamos líderes capaces de romper ese ciclo y de construir un nuevo rumbo económico para el departamento. La tarea no es menor, pero es urgente.


