CARLOS DARÍO GALLARDO ARCOS

Nariño en crisis, mientras el Presidente…

Carlos Gallardo

El departamento de Nariño, en el sur de Colombia, atraviesa una de sus etapas más críticas en la historia reciente. La presencia de grupos guerrilleros y paramilitares, el desplazamiento forzado, las violaciones a los Derechos Humanos, los secuestros, el mal estado de las vías y el desempleo son solo algunas de las problemáticas que azotan a la región. Esta compleja situación tiene a la población, especialmente a los municipios de la cordillera y de la costa, al borde del colapso.

En medio de esta tormenta, la sensación de desatención y abandono por parte del Gobierno Nacional es palpable. El Presidente Gustavo Petro, quien asumió con una promesa de cambio y justicia social, parece distante y desconectado de las urgentes necesidades de Nariño. Las peticiones y clamores del departamento han sido reiteradamente ignorados, agravando las tensiones y la desesperación de sus habitantes.

El reciente paro de camioneros es un reflejo de esta desatención. Mientras Nariño vivía días de caos y desesperación debido al cierre de vías clave como Daza y Rumichaca, frontera con Ecuador, el Presidente Petro estaba en Panamá, generando polémicas por su supuesta compañía y unos videos comprometedores que circulaban en redes sociales. Este contraste entre la difícil situación local y la aparente despreocupación presidencial es indignante.

La crisis de orden público en Nariño no es una novedad. Durante años, la región ha sido un epicentro de violencia y conflicto armado. Sin embargo, la falta de acciones concretas por parte del actual Gobierno ha profundizado el problema. La ineficacia en la atención a las vías en mal estado ha aislado a comunidades enteras, dificultando el acceso a servicios básicos y mercados, y perpetuando el ciclo de pobreza y desempleo.

Además, la presencia de actores armados ilegales sigue siendo una constante amenaza para la seguridad y la vida de los nariñenses. Los desplazamientos forzados y las violaciones a los Derechos Humanos continúan sin una respuesta efectiva. Las familias viven con miedo, sabiendo que cualquier día podrían ser obligadas a abandonar sus hogares o sufrir la violencia de estos grupos.

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El desempleo y la falta de oportunidades son otro punto crítico. Nariño, con su potencial agrícola y turístico, se ve frenado por la falta de infraestructura y apoyo gubernamental. La juventud, en particular, enfrenta un futuro incierto, sin acceso a una educación de calidad ni oportunidades laborales dignas. Esta situación fomenta la migración y, en algunos casos, la incorporación a grupos armados como una salida desesperada.

El reciente paro de camioneros, motivado en parte por el descontento generalizado y las difíciles condiciones de trabajo, es un grito de auxilio. La respuesta gubernamental ha sido lenta e insuficiente, dejando a Nariño en una especie de limbo, esperando soluciones que no llegan.

Es crucial que el Presidente Petro y su Gobierno cambien su enfoque y prioricen las necesidades de Nariño. La región no puede seguir soportando la carga de la violencia, la pobreza y el abandono. Es importante escuchar las voces de los nariñenses, atender sus demandas y trabajar de manera efectiva para resolver las problemáticas que los afectan.

Nariño merece un futuro mejor, y es responsabilidad del Gobierno garantizar que ese futuro sea una realidad. La esperanza y la resiliencia de sus habitantes merecen ser recompensadas con un compromiso sincero y acciones efectivas que pongan fin a años de abandono y sufrimiento.