Nariño: Cultura, Religión y Fé

Por: Nilsa Villota Rosero

Son más de 13 los Templos Católicos que configuran el paisaje urbano de Pasto, denominada tradicionalmente como Ciudad Teológica, adjetivo que responde a la riqueza, disposición y relevancia de cada una de sus iglesias, templos y capillas. La herencia de la colonia que trajo una fe determinada, un idioma y la cosmovisión occidental se arraigó de manera significativa en la identidad religiosa de Pasto y su gente.

Generación tras generación se ha edificado una manera de ver el mundo de la mano de la fuerza de las creencias y prácticas vinculadas a la Religión Católica. La Semana Mayor, el Tiempo Santo, es una de esas celebraciones del mundo católico que se ha logrado mantener en el tiempo. Los fervientes creyentes y practicantes de la ritualidad religiosa, se congregan con especial devoción en torno a la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

La manera de asumir la ritualidad se ha transformado con el tiempo, pues al ser un proceso ligado a la cultura y a los territorios, no podía quedarse congelada en el pasado. Conceptos y paradigmas inculcados por la propia Iglesia se han tenido que revertir, adaptar y acondicionar a las nuevas realidades atravesadas por la tecnología, la globalización y la diversidad de cultos. Aún así, en Pasto todavía se aprecia el respeto por estos días que convocan a la reflexión personal, a la conexión espiritual del ser y a la renovación de los principios y valores humanísticos que orientan la fe católica.

En ese mismo trasegar de la celebración, la ciudad ha venido gestionando importantes escenarios, prácticas y acciones orientadas a la promoción del Turismo Religioso. La fe, camino en el que muchas personas hemos puesto nuestro andar como seres humanos que reconocemos la existencia de un Ser Supremo que guía nuestro caminar, también es destino para que propios y visitantes, puedan compartir desde el sur de Colombia, no solo la comunión espiritual, sino también la riqueza de nuestra ciudad en términos de su inmensa potencialidad turística.

Los hitos que rodean al Centro Histórico, los mismos templos y capillas, el arte religioso, los conciertos, procesiones; los destinos paisajísticos asociados a los ritos propios de penitentes y peregrinos, los secretos de la historia, la asombrosa arquitectura, la apreciación del paisaje urbano, y el regocijo que estos días traen para la comunidad católica, así como para los curiosos, exploradores y viajeros de todo tipo.

Tal potencialidad debe ser una bandera de trabajo para impulsar este tipo de acciones que dinamizan la economía, favorecen el empleo, promueven el cuidado de los patrimonios y enriquecen la vida cotidiana de la ciudad. Pensar y actuar alrededor del Turismo Religioso implica ir más allá de los calendarios oficiales y trazar nuevas rutas, destinos estratégicos, relatos y narrativas novedosas que sirvan de referente local, regional, nacional e internacional de cara a habilitar este renglón de las nuevas economías.

Así como lo han logrado otros destinos, tanto en Colombia, como en el mundo, Pasto, en tanto ciudad creativa, territorio patrimonial, puede constituirse, fácilmente, en uno de los mejores destinos del Turismo Religioso del país. 

Aquí, la articulación interinstitucional vuelve y juega como estrategia para la creación colectiva de planes, programas y proyectos que nos permitan remar hacia el mismo norte.

Que esta Semana Santa sea tiempo de reflexión, de encuentro, de contemplación espiritual en lo íntimo y cercano. Desde lo público y colectivo, un tiempo adecuado para pensar en Pasto como Proyecto de nueva ciudad para todas y todos, incluyendo la fe como camino y destino.

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