En una entrevista exclusiva con DIARIO DEL SUR, Cristian Alexis Erazo, conocido en su entorno como ‘El Uva’, ha compartido los escalofriantes detalles de su travesía migratoria que duró un mes y diez días. Su relato ofrece una visión cruda de los riesgos y dificultades que enfrentó al emprender su viaje desde Pasto hasta Ciudad de México, atravesando el peligroso Tapón del Darién y varios países centroamericanos.
Erazo, quien había estado planificando esta odisea durante meses, comenzó su viaje desde Pasto, dirigiéndose a Medellín antes de continuar hacia Necoclí. En Necoclí, contrató guías que los llevaron hasta Las Banderas, la frontera entre Panamá y Colombia. Acompañado por un grupo de migrantes de diversas nacionalidades, incluyendo venezolanos, cubanos y ecuatorianos, Erazo enfrentó uno de los tramos más desafiantes de su viaje: el paso por el Tapón del Darién.
Tragedias
La travesía por el Tapón del Darién se caracterizó por su dificultad extrema. Erazo describe cómo, utilizando cuerdas, los migrantes lograron atravesar montañas y senderos peligrosos. «Viví la experiencia y llegué a México», dice con determinación, pero el viaje no estuvo exento de tragedias. En la selva del Darién, encontró muertos, incluyendo niños y adultos que habían fallecido por infartos, caídas y hasta mordeduras de serpientes. “Una culebra mordió a una mujer y a un niño, y ellos murieron en la carpa donde estábamos”, recuerda con pesar.
La situación en el Tapón del Darién era desesperante. Los migrantes, forzados a desechar su ropa para aligerar el peso de sus mochilas, enfrentaron constantes peligros, atravesando ríos caudalosos y caminos interminables. Erazo y su grupo, después de soportar numerosas adversidades, llegaron a la Guardia Nacional de Panamá, donde tuvieron la oportunidad de descansar y alimentarse antes de continuar su viaje.
Peligros inquebrantables
El viaje a través de Centroamérica fue igualmente arduo. La travesía incluyó pasos por Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala, cada uno con sus propios desafíos migratorios y culturales. El cambio cultural en Guatemala fue monumental, según Erazo, pero la travesía no terminó ahí. Para cruzar de Guatemala a México, el grupo utilizó neumáticos para flotar a través de ríos, una solución temporal a los peligros que enfrentaban.
Sin embargo, la llegada a México no marcó el fin de sus problemas, Erazo y su grupo fueron secuestrados por un grupo de personas extrañas. «Nos retuvieron por varios días sin teléfonos celulares y nos pidieron una cuota para permitirnos llegar a Ciudad de México», relata Erazo. La experiencia fue angustiante, pero finalmente, después de cumplir con las exigencias de sus captores, el grupo logró llegar a su destino final. A pesar de los enormes riesgos y dificultades enfrentados, Erazo concluye que «la experiencia valió la pena». Su viaje, aunque extremadamente difícil, le proporcionó una perspectiva invaluable sobre la determinación y la resiliencia necesarias para atravesar uno de los caminos migratorios más peligrosos del mundo.

