La expansión de las redes de Internet de las cosas (IoT) basadas en satélites está abriendo una nueva posibilidad para el sector agrícola: conectar sensores instalados en lugares donde las redes móviles y la infraestructura de telecomunicaciones tradicional no llegan. Un ejemplo reciente es la expansión de la constelación UltraLite de Myriota, que incorporó cuatro nuevos satélites tras su lanzamiento a bordo de la misión Transporter-16 de SpaceX. El despliegue busca aumentar la capacidad, la resiliencia y la cobertura de una red diseñada para transmitir pequeñas cantidades de datos desde dispositivos ubicados incluso en zonas remotas.
Un problema que comienza mucho antes de llegar al espacio
La digitalización de la agricultura ha avanzado rápidamente durante los últimos años. Sensores capaces de medir humedad del suelo, temperatura, condiciones meteorológicas, niveles de agua, ubicación de animales o funcionamiento de maquinaria permiten obtener información que anteriormente dependía de inspecciones manuales.
Sin embargo, instalar estos dispositivos no garantiza que los datos puedan llegar hasta el agricultor.
En una explotación cercana a una ciudad, un sensor puede utilizar Wi-Fi, redes móviles, LoRaWAN u otras tecnologías terrestres para enviar información a un servidor. La situación cambia radicalmente en grandes extensiones rurales, zonas montañosas, desiertos, bosques o explotaciones ganaderas alejadas de los centros urbanos.
Construir infraestructura de telecomunicaciones exclusivamente para cubrir estos lugares puede resultar costoso o técnicamente complicado. Precisamente ahí aparece una alternativa: utilizar satélites de órbita terrestre baja —conocidos como LEO— como parte de la infraestructura de comunicación.
Empresas como Myriota, Astrocast y Lacuna Space han desarrollado soluciones de IoT satelital destinadas precisamente a conectar dispositivos que necesitan enviar pequeñas cantidades de información desde lugares remotos.
El lanzamiento que refuerza una red global de IoT
El 30 de marzo de 2026, SpaceX lanzó desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, la misión Transporter-16, utilizando un Falcon 9. Se trató de una misión de tipo rideshare, es decir, un lanzamiento en el que diferentes clientes comparten el mismo vehículo para colocar múltiples satélites y cargas útiles en órbita. SpaceX informó que la misión transportó 119 cargas útiles.
Entre ellas estuvieron cuatro satélites destinados a ampliar la infraestructura de IoT de Myriota. La compañía anunció el 31 de marzo el lanzamiento y despliegue exitoso de los cuatro dispositivos, que pasaron a reforzar su constelación UltraLite de satélites en órbita terrestre baja.
Los satélites fueron lanzados mediante una asociación con Spire Global, compañía que proporciona infraestructura espacial y servicios de Space-as-a-Service. Spire confirmó también que cuatro satélites de Myriota fueron incluidos en Transporter-16 con el objetivo de ampliar la constelación y mejorar la capacidad y resiliencia de la red IoT.
Esto es importante porque no se trata simplemente de poner cuatro satélites aislados en órbita. El objetivo es aumentar progresivamente una red formada por múltiples satélites capaces de trabajar conjuntamente.
¿Por qué utilizar nanosatélites?
Los nanosatélites son mucho más pequeños y ligeros que los grandes satélites de telecomunicaciones tradicionales. Esta característica permite reducir determinados costes de fabricación y lanzamiento y, además, facilita que varios satélites puedan compartir un mismo lanzamiento.
El concepto de constelación es especialmente importante.
Un único satélite pasa sobre diferentes regiones de la Tierra y no permanece permanentemente encima de un mismo punto. Una constelación permite aumentar las oportunidades de comunicación a medida que más satélites recorren sus respectivas órbitas.
En el caso de Myriota, sus módulos de bajo consumo pueden comunicarse directamente con la constelación de satélites LEO. La compañía explica que sus dispositivos pueden registrar y procesar información antes de transmitirla, reduciendo la cantidad de datos que necesitan enviar.
Este modelo es particularmente apropiado para IoT porque muchos sensores agrícolas no necesitan transmitir grandes archivos.
Un sensor de humedad, por ejemplo, podría enviar periódicamente valores como:
- Humedad del suelo.
- Temperatura.
- Estado de la batería.
- Identificación del dispositivo.
- Ubicación.
- Alertas cuando se supera un determinado límite.
No hace falta transmitir vídeo en alta resolución ni grandes cantidades de información. Lo importante es que el dato llegue de manera confiable.
Del sensor en el campo al agricultor
El funcionamiento puede entenderse como una cadena relativamente sencilla.
Sensor → módulo IoT → satélite → infraestructura terrestre → plataforma digital → agricultor
Un sensor instalado en un cultivo obtiene una medición. El módulo de comunicación recibe ese dato y, dependiendo de la aplicación, puede procesarlo antes de transmitirlo.
Cuando existe una oportunidad adecuada de comunicación con un satélite, el dispositivo envía la información hacia el espacio.
El satélite recibe el mensaje y posteriormente la infraestructura de la red permite llevar los datos hacia los sistemas que utiliza el cliente.
Finalmente, el agricultor o administrador puede consultar la información mediante una plataforma digital y utilizarla para tomar decisiones.
La ventaja fundamental es que el sensor no necesita depender exclusivamente de una torre celular cercana.
Myriota señala que sus dispositivos pueden funcionar durante años con baterías de bajo consumo y que su módulo puede permanecer inactivo hasta que las condiciones orbitales sean apropiadas para realizar una transmisión.
¿Qué cambia para la agricultura?
La conectividad por satélite puede tener aplicaciones en prácticamente cualquier actividad agrícola que necesite obtener información de lugares donde las comunicaciones terrestres son insuficientes.
Control de la humedad del suelo
Uno de los usos más evidentes es el monitoreo de la humedad.
Un agricultor puede distribuir sensores en diferentes puntos de un terreno para conocer las condiciones reales del suelo. En lugar de regar toda una superficie siguiendo un horario fijo, los datos pueden ayudar a identificar zonas que necesitan agua y otras que todavía conservan suficiente humedad.
Esto puede contribuir a una gestión más precisa del riego.
Myriota incluye precisamente el monitoreo de humedad del suelo y la gestión del agua y el riego entre los casos de uso de su tecnología para agricultura.
Gestión de depósitos y sistemas de agua
En explotaciones ganaderas extensas, controlar manualmente todos los depósitos, tanques y bombas puede requerir recorrer grandes distancias.
Un sensor conectado por satélite puede enviar información sobre el nivel de un tanque o el funcionamiento de una bomba sin necesidad de que exista cobertura móvil en el lugar.
Este tipo de aplicación ya se utiliza en soluciones comerciales de IoT satelital. Myriota, por ejemplo, documenta casos relacionados con el monitoreo remoto de bombas y depósitos de agua en explotaciones ganaderas australianas.
Seguimiento del ganado
Los dispositivos conectados también pueden utilizarse para conocer la ubicación y determinados parámetros relacionados con animales.
Esto resulta especialmente interesante para explotaciones ganaderas de grandes dimensiones, donde los animales pueden encontrarse a muchos kilómetros de las instalaciones principales.
La conectividad satelital permite enviar información incluso cuando el ganado se encuentra fuera de la cobertura convencional.
Supervisión ambiental
Los sensores agrícolas también pueden medir temperatura, condiciones meteorológicas y otras variables ambientales.
Al disponer de mediciones distribuidas espacialmente, los agricultores pueden construir una visión más detallada de las condiciones de una explotación.
Con suficientes datos, estas mediciones pueden alimentar sistemas de análisis que ayuden a identificar patrones y anticipar determinadas situaciones.
No se trata de reemplazar todas las redes móviles
Uno de los puntos más importantes para entender esta tecnología es que la conectividad satelital no necesariamente pretende sustituir a las redes terrestres.
En realidad, el futuro de las telecomunicaciones IoT parece dirigirse hacia modelos híbridos.
Cuando un dispositivo se encuentra en una zona con cobertura móvil, puede utilizar la infraestructura terrestre. Cuando sale de esa cobertura, puede recurrir a una conexión satelital.
Myriota, por ejemplo, anunció en julio de 2026 una red híbrida que combina conectividad satelital y celular para determinados dispositivos y aplicaciones industriales. El objetivo es que los activos puedan mantenerse conectados mientras se desplazan entre zonas con cobertura móvil y áreas sin cobertura.
Esto puede resultar especialmente útil para el sector agrícola, donde un mismo sistema puede tener dispositivos ubicados tanto cerca de instalaciones con conectividad como en áreas completamente aisladas.
Una tecnología pensada para pequeños mensajes
Aquí existe una diferencia fundamental entre el IoT satelital y los servicios tradicionales de Internet satelital.
Un teléfono, computador o televisor necesita una conexión capaz de transportar grandes cantidades de información. Un sensor agrícola normalmente necesita algo muy diferente.
Puede bastarle con enviar unos pocos datos cada cierto tiempo.
Por eso estas redes están diseñadas alrededor de dispositivos de bajo consumo y pequeñas cantidades de información.
En el caso de Myriota, la compañía explica que sus módulos están diseñados para registrar, procesar y transmitir datos, mientras que el sistema de comunicación está optimizado para consumir poca energía.
Este enfoque puede ser decisivo para sensores instalados durante años en lugares donde cambiar una batería periódicamente resulta costoso o poco práctico.
La expansión de la constelación aumenta la capacidad
La incorporación de los cuatro satélites a la red UltraLite tiene otro objetivo importante: aumentar la capacidad de la infraestructura.
Según Myriota, el despliegue busca mejorar la velocidad y confiabilidad de la entrega de mensajes, aumentar la capacidad del sistema y proporcionar mayor redundancia. La compañía indicó que la expansión refuerza su capacidad para prestar servicios a clientes en más de 57 países.
En una red de IoT a gran escala, estos factores adquieren especial importancia.
Si millones de dispositivos necesitan transmitir información, la infraestructura debe ser capaz de procesar y transportar una enorme cantidad de mensajes pequeños.
Una constelación más grande puede ofrecer más oportunidades de comunicación y mayor capacidad general, aunque su funcionamiento depende de factores como la órbita de los satélites, la capacidad de la red, las estaciones terrestres, la planificación de las transmisiones y las características de los dispositivos.
El modelo de «Space-as-a-Service»
Otro aspecto relevante del lanzamiento es la forma en que se está construyendo esta infraestructura.
Myriota no necesita necesariamente fabricar por sí misma cada elemento del satélite.
Su asociación con Spire permite alojar su tecnología de conectividad en satélites que forman parte de una infraestructura espacial desarrollada y operada por un proveedor especializado.
Este modelo, conocido como Space-as-a-Service, está transformando la manera en que empresas de telecomunicaciones e IoT pueden utilizar el espacio.
En lugar de desarrollar desde cero un programa espacial completo —incluidos satélites, fabricación, lanzamiento y operaciones orbitales—, una empresa puede utilizar infraestructura espacial existente y concentrarse en su tecnología y servicio.
Spire informó que su acuerdo ampliado con Myriota contempla 16 satélites adicionales y que, con ellos, la conectividad de Myriota llegará a operar sobre más de 40 satélites desplegados por Spire.
Una tendencia que va más allá de una sola empresa
El desarrollo de Myriota forma parte de una tendencia mucho más amplia.
La combinación entre satélites LEO, sensores de bajo consumo e Internet de las cosas está siendo utilizada para intentar resolver uno de los grandes problemas de la digitalización: llevar conectividad a lugares donde instalar infraestructura terrestre es difícil o demasiado costoso.
Astrocast, por ejemplo, opera una red de nanosatélites LEO orientada a servicios IoT y señala aplicaciones en agricultura, ganadería, medioambiente, transporte y otras industrias.
Lacuna Space también desarrolla conectividad IoT directa por satélite para aplicaciones como monitoreo del suelo, ganado y condiciones ambientales en zonas remotas.
El sector, por tanto, no está apostando únicamente por llevar Internet tradicional al campo. Está desarrollando redes específicamente diseñadas para conectar objetos.
El papel del 5G y las redes no terrestres
El avance tampoco se limita a las redes IoT satelitales propietarias.
En paralelo, la industria de las telecomunicaciones trabaja en las llamadas redes no terrestres (NTN), que integran satélites con estándares y arquitecturas de telecomunicaciones terrestres.
El objetivo es que determinadas aplicaciones puedan aprovechar redes móviles y satelitales de forma complementaria.
En el caso de Myriota, la empresa también ha desarrollado HyperPulse, una red no terrestre alineada con estándares 3GPP, orientada a aplicaciones IoT que requieren mayores tasas de datos y menor latencia que las soluciones tradicionales de mensajes pequeños.
Esto abre la puerta a un escenario en el que el usuario final ni siquiera tenga que saber si un dispositivo está utilizando una torre terrestre o un satélite.
La red podría seleccionar la alternativa disponible de acuerdo con las condiciones de cobertura.
Los desafíos todavía existen
Aunque la tecnología presenta ventajas importantes, no significa que la conectividad satelital sea una solución mágica.
Los dispositivos necesitan energía, antenas y hardware compatible. Además, la comunicación con satélites depende de factores como la posición del dispositivo, la visibilidad del satélite y las características radioeléctricas del sistema.
También existen límites de capacidad.
Una red diseñada para sensores que transmiten pequeños mensajes no puede compararse directamente con una conexión de banda ancha destinada a navegar por Internet, realizar videollamadas o transmitir vídeo.
Por eso el valor de estas constelaciones no está en ofrecer velocidades convencionales de Internet a cada parcela agrícola, sino en permitir que millones de sensores puedan mantenerse comunicados con un consumo energético y unos requerimientos de infraestructura relativamente reducidos.
También existe un desafío medioambiental y regulatorio relacionado con el aumento de objetos en órbita. A medida que crece el número de constelaciones, adquieren mayor importancia la coordinación orbital, la prevención de colisiones y la retirada responsable de los satélites al final de su vida útil.
Del campo desconectado al campo basado en datos
La importancia de esta tecnología no está únicamente en la posibilidad de enviar información desde un sensor.
El verdadero potencial aparece cuando esos datos se integran con otras herramientas.
Un agricultor podría combinar información de humedad del suelo con:
- Pronósticos meteorológicos.
- Imágenes satelitales.
- Datos históricos.
- Información sobre fertilización.
- Sensores de temperatura.
- Sistemas de riego.
- Ubicación del ganado.
- Modelos de inteligencia artificial.
Con el tiempo, esa combinación puede permitir pasar de una agricultura basada principalmente en observaciones periódicas a una agricultura en la que muchas decisiones estén respaldadas por información obtenida continuamente.
La propia industria de IoT satelital ya contempla aplicaciones que van desde el monitoreo de cultivos y humedad hasta el seguimiento de ganado y la gestión del agua.
Una nueva capa de infraestructura para las zonas rurales
El lanzamiento de los cuatro satélites de Myriota no significa que las zonas rurales vayan a quedar conectadas automáticamente a Internet de alta velocidad. Su importancia es diferente.
Representa la consolidación de una nueva capa de infraestructura destinada a conectar dispositivos pequeños, de bajo consumo y capaces de operar durante largos períodos en lugares donde las redes tradicionales presentan limitaciones.
La misión Transporter-16 demostró además cómo el modelo de lanzamientos compartidos permite que empresas especializadas coloquen sus satélites en órbita sin tener que contratar un lanzamiento exclusivamente para ellas.
Para la agricultura, esto puede significar que un sensor instalado en un campo remoto ya no tenga que permanecer aislado simplemente porque no existe una torre de telefonía cerca.
Puede medir.
Puede almacenar.
Puede transmitir.
Y, finalmente, esos datos pueden llegar a una plataforma donde se convierten en información útil para tomar decisiones.
El siguiente paso: conectar cada vez más objetos
La evolución de los nanosatélites y del IoT apunta hacia un escenario en el que la conectividad deje de depender exclusivamente de dónde se encuentra físicamente un dispositivo.
El objetivo de estas redes es que un sensor instalado en una explotación agrícola, un tanque de agua, una zona ganadera o una instalación energética pueda enviar información incluso cuando la infraestructura terrestre desaparece del mapa.
La expansión de la constelación de Myriota, junto con el crecimiento de otras redes de IoT satelital, muestra que el espacio está dejando de ser únicamente una herramienta para observar la Tierra o transmitir televisión y comunicaciones de larga distancia.
Ahora también se está convirtiendo en una infraestructura para conectar pequeños dispositivos distribuidos por todo el planeta.
Y en sectores como la agricultura, donde grandes extensiones de terreno pueden encontrarse lejos de las redes tradicionales, esa capacidad puede convertirse en uno de los elementos fundamentales de la próxima generación de agricultura inteligente.


