En el corazón de Pasto, un grupo de mujeres se levanta cada mañana con un objetivo claro: salir a las calles para ofrecer sus productos artesanales, tejidos con manos hábiles que narran historias de resistencia, esperanza y ancestralidad. Estas mujeres, que a menudo enfrentan dificultades para acceder a empleos formales, han encontrado en el arte del tejido una forma de subsistencia, pero también una manera de sanar y fortalecer su comunidad.
Recientemente, participaron en una feria organizada en el Parque San Andrés, un evento que no solo se centró en los productos artesanales, sino que también sirvió como una plataforma para demostrar cómo el trabajo de las tejedoras de la región está ligado a un esfuerzo mayor: el de contribuir a la paz y al bienestar de sus familias.
Lucha diaria
Martha López, una de las participantes en la feria, es madre y cabeza de familia. A lo largo de los años, ha vivido de cerca las dificultades para encontrar empleo estable en su ciudad. “Conseguir un trabajo formal ha sido muy difícil. La mayoría de los empleos disponibles no son constantes o no me permiten cuidar de mis hijos, y esa es mi principal prioridad. Aquí, al menos, tengo la oportunidad de ser mi propia jefa y de ganar un dinero honesto para mi familia», comenta Martha mientras teje con destreza un hermoso tapiz de colores vibrantes.
Como Martha, muchas mujeres pastusas han recurrido a la venta de productos artesanales como una forma de superar la brecha de desigualdad laboral. El tejido, con sus formas y patrones que hablan de una tradición profundamente arraigada en la cultura local, no es solo una fuente de ingresos, sino también un medio para construir identidad y orgullo.
Raíces ancestrales
Lo que hace especial a este grupo de mujeres no solo es su destreza para crear productos con técnicas tradicionales de tejido, sino también su capacidad para apoyarse mutuamente en un esfuerzo colectivo por mejorar sus condiciones de vida. En la feria, se puede ver cómo cada pieza, ya sea una mochila de hilo de algodón o una manta tejida a mano, lleva consigo no solo la huella de la autora, sino también un mensaje de unidad y resistencia.
«Las mujeres nos hemos apoyado mucho entre nosotras. Sabemos que, si una de nosotras tiene éxito, es un triunfo para todas», asegura Martha. Y es que el trabajo en equipo y el apoyo mutuo son dos pilares fundamentales en el esfuerzo de estas mujeres por lograr una vida mejor para ellas y sus seres queridos.
Los productos que venden no son solo accesorios, son recuerdos de la historia de la región, símbolos de la lucha por preservar una cultura que ha estado marcada por los conflictos y las dificultades. Los tejidos, muchos de ellos realizados con técnicas heredadas de generaciones anteriores, son una forma de honrar a sus ancestros y de tejer, también, un futuro mejor para sus hijos.
Pasos firmes
Aunque el camino no ha sido fácil, las mujeres tejedoras de Pasto siguen firmes en su propósito. Participar en ferias como la del Parque San Andrés es una manera de llevar su trabajo a la vista de todos, de mostrar la importancia de su labor y de transmitir a las nuevas generaciones que, a pesar de las adversidades, siempre hay una forma de avanzar.
La feria no solo fue un espacio para vender sus productos, sino también una oportunidad para que estas mujeres se encuentren con otras comunidades, intercambien conocimientos y, sobre todo, se den cuenta del impacto positivo que pueden tener al trabajar juntas.



