Con un ambiente lleno de diálogo, emoción y compromiso social, se llevó a cabo en la Universidad Mariana el segundo encuentro “Mujeres de la Tierra – Caminando en Espiral”, un espacio diseñado para visibilizar y fortalecer el trabajo de mujeres de distintos territorios que luchan por la vida, el territorio y la preservación de sus culturas.
Durante la jornada, las participantes compartieron memorias, resistencias y saberes propios, destacando la importancia de la colaboración comunitaria y del cuidado colectivo como herramientas para enfrentar los desafíos sociales, económicos y ambientales que afectan a sus territorios. El encuentro se convirtió en un espacio seguro para la reflexión, el aprendizaje mutuo y la consolidación de redes de apoyo que fortalecen la defensa de la vida y la soberanía territorial.
Historias
“Cada historia que escuchamos nos recuerda que, aunque nuestros territorios y realidades sean distintas, enfrentamos retos similares y juntas podemos fortalecernos y aprender unas de otras”, afirmó Eliana Muchachasoy, una de las participantes. El evento contó con la participación de mujeres líderes y guardianas de la memoria cultural, quienes compartieron experiencias sobre la defensa de la tierra, prácticas de cuidado ambiental, sostenibilidad y educación comunitaria. También se abordaron estrategias de soberanía territorial y la importancia de preservar los conocimientos ancestrales frente a las amenazas externas que ponen en riesgo la identidad y la vida en sus comunidades.
Entre las participantes estuvieron Jeimy Janamajoy, Maria Chindoy, Elena Martínez Quispe, Eliana Muchachasoy y Cristina Rodríguez, quienes se destacaron por compartir historias inspiradoras sobre cómo las mujeres han sido motores de transformación social en sus territorios.
Educación
Desde prácticas de cultivo sostenible hasta la promoción de la educación y la protección de derechos, estas mujeres muestran que la acción colectiva puede generar cambios significativos en la vida de sus comunidades. El encuentro también fortaleció los vínculos intergeneracionales, permitiendo que las mujeres mayores transmitieran conocimiento y experiencias, mientras que las jóvenes compartían ideas innovadoras para enfrentar los desafíos contemporáneos. Esta interacción demuestra que la defensa de la vida y del territorio es un compromiso compartido que se construye de manera colectiva y continúa a través del tiempo.




