Guangzhou, China – Febrero 2026. Un caso que ha provocado indignación mundial se ha viralizado tras conocerse la historia de Gao Guanghui, un programador chino de 32 años que murió de un infarto presuntamente relacionado con extensas jornadas laborales y que, de manera controvertida, continuó recibiendo asignaciones de trabajo horas después de su fallecimiento.
El incidente ocurrió el 29 de noviembre de 2025 en Guangzhou, al sur de China, cuando Gao se sintió mal mientras trabajaba desde su casa en un sábado, día no laboral habitual para muchos. A pesar de sentirse indispuesto, decidió seguir con sus tareas. Poco después se desvaneció y fue trasladado de urgencia al Segunda Hospital de Medicina Tradicional China de Guangdong, donde fue declarado muerto más tarde ese mismo día por un paro cardíaco súbito, atribuible por médicos consultados por medios chinos al esfuerzo excesivo.
Trabajando hasta el final
Los registros revisados por la familia muestran que Gao accedió al sistema corporativo al menos cinco veces el día que murió, a pesar de sentirse mal. Su esposa, identificada públicamente solo con el seudónimo Li, relató que él solía terminar jornadas alrededor de las 21:30 h y que desde que fue ascendido a líder de equipo en 2021, las responsabilidades y horas extras se volvieron habituales. Su dedicación al trabajo era tal que incluso en el momento crítico de su condición, su cuenta corporativa seguía activa.
Mensajes tras su muerte
Lo que más ha encendido la discusión pública internacional fue la revelación de que ocho horas después de que Gao falleciera, su cuenta de trabajo fue añadida a un nuevo grupo y recibió una asignación marcada como “urgente”. Este hecho, que ocurrió horas después de que su cuerpo ya no respondía, se viralizó a través de redes sociales y medios internacionales, y fue interpretado por muchos como un ejemplo extremo de la cultura del exceso de trabajo en el sector tecnológico chino.
Reacción y contexto laboral
El caso ha abierto un debate sobre la llamada cultura laboral “996” que prevalece en muchas empresas tecnológicas de China —caracterizada por jornadas que van de las 9 a.m. a las 9 p.m., seis días a la semana— a pesar de que la legislación laboral del país estipula una jornada máxima de 8 horas diarias y 44 horas semanales. Expertos en salud laboral y organismos como la Organización Mundial de la Salud han asociado jornadas prolongadas con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluido el infarto agudo de miocardio, lo que da contexto a la posible relación entre el sobreesfuerzo y el fallecimiento de Gao.
La esposa de Gao también denunció públicamente que la empresa no solo lo siguió contactando tras su muerte, sino que gestionó su baja laboral semanas después y devolvió sus pertenencias en malas condiciones, lo que añadió más indignación a la historia.
Las autoridades laborales locales han informado que se ha abierto una investigación para determinar si las condiciones laborales de la compañía cumplieron con las normas vigentes y si corresponde responsabilizarla por posibles infracciones.




