La vigilancia de los acuíferos gana importancia en una región marcada por la escasez de agua y la variabilidad climática
La lucha contra la sequía en México no depende únicamente de las lluvias, las presas o los ríos. Una parte fundamental de la seguridad hídrica se encuentra bajo tierra: los acuíferos. En estados con amplias zonas áridas y semiáridas como Sonora, conocer con precisión el comportamiento del agua subterránea se ha convertido en un elemento estratégico para anticipar periodos de escasez, gestionar mejor las extracciones y diseñar políticas de largo plazo.
En este contexto, el monitoreo del agua subterránea en Sonora forma parte de una estrategia más amplia de prevención y gestión de las sequías. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) cuenta con sistemas de medición piezométrica que permiten conocer la profundidad de los niveles estáticos del agua en los pozos y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Estos datos resultan fundamentales para entender si un acuífero se está recuperando, permanece estable o enfrenta un descenso asociado con la extracción y la falta prolongada de recarga.
Aunque no se encontró un comunicado oficial que confirme específicamente la inauguración reciente de nuevos “pozos profundos de monitoreo” en Sonora bajo ese nombre, sí existe una red y una política institucional de monitoreo de aguas subterráneas, además de nuevas inversiones y proyectos hidráulicos que buscan fortalecer la resiliencia de la entidad frente a futuras crisis de disponibilidad de agua.
¿Por qué Sonora necesita vigilar sus aguas subterráneas?
Sonora es uno de los estados mexicanos donde la disponibilidad del agua representa un desafío estructural. Su territorio cuenta con extensas zonas áridas, una elevada dependencia de las precipitaciones estacionales y una importante actividad agrícola que requiere grandes volúmenes de agua.
En estas condiciones, los acuíferos funcionan como una reserva estratégica. El agua subterránea puede utilizarse para abastecimiento urbano, actividades productivas y agricultura, especialmente cuando disminuye la disponibilidad de fuentes superficiales.
Conagua señala que México cuenta con 653 acuíferos definidos para fines de evaluación, manejo y administración. El agua subterránea tiene una importancia particular en las regiones áridas, donde puede convertirse en una de las principales fuentes permanentes de abastecimiento.
Sin embargo, depender de esta reserva sin contar con información suficiente puede generar problemas a largo plazo. La extracción excesiva puede provocar descensos en los niveles del agua, mientras que los periodos prolongados de sequía reducen la capacidad de recarga natural.
La propia información de Conagua sobre los acuíferos de Sonora muestra que existen zonas con disponibilidad media anual negativa, una señal técnica asociada a una presión importante sobre determinados sistemas subterráneos. Entre los casos registrados se encuentran acuíferos como Valle de San Luis Río Colorado, Sonoyta-Puerto Peñasco y Caborca, entre otros.
Los pozos de monitoreo: una herramienta para conocer lo que ocurre bajo tierra
A diferencia de una obra destinada directamente al abastecimiento de agua, un pozo de monitoreo tiene una función principalmente técnica y científica: permitir la observación del comportamiento del acuífero.
A través de mediciones piezométricas es posible conocer, entre otros aspectos, la profundidad a la que se encuentra el agua subterránea y su evolución en diferentes periodos. Con una serie histórica de datos, los especialistas pueden identificar tendencias, comparar temporadas húmedas y secas y detectar posibles descensos sostenidos.
Conagua dispone de un visualizador nacional de mediciones piezométricas y de herramientas para consultar información histórica sobre los niveles estáticos registrados en pozos. Además, la institución cuenta con un Manual de Monitoreo Piezométrico de Acuíferos que establece metodologías para diseñar sistemas de monitoreo, recopilar información y analizar los resultados obtenidos en campo.
Este tipo de información es especialmente importante durante las sequías. La falta de lluvia no siempre provoca de inmediato una disminución visible en los niveles de los acuíferos, ya que existe un desfase entre la reducción de las precipitaciones y sus efectos sobre las reservas superficiales y subterráneas.
Por esa razón, el seguimiento continuo permite comprender cómo evoluciona realmente la disponibilidad del recurso y ayuda a tomar decisiones antes de que una situación de escasez alcance niveles críticos.
Del monitoreo meteorológico al seguimiento de los acuíferos
La estrategia mexicana contra la sequía se apoya en diferentes sistemas de observación. Uno de los principales es el Monitor de Sequía en México, desarrollado en el marco del Programa Nacional Contra la Sequía.
Este instrumento permite identificar la presencia e intensidad de la sequía en distintas regiones del país y se actualiza de manera quincenal. La clasificación contempla desde condiciones anormalmente secas, identificadas como D0, hasta sequía excepcional, catalogada como D4. Entre ambas se encuentran los niveles de sequía moderada, severa y extrema.
La información meteorológica, sin embargo, necesita complementarse con datos sobre el comportamiento real de los recursos hídricos. Por ello, indicadores relacionados con los escurrimientos, los niveles de ríos, lagos, embalses y acuíferos permiten observar cómo una sequía meteorológica termina convirtiéndose en un problema de disponibilidad de agua.
Conagua explica que la reducción de las precipitaciones puede tardar en reflejarse en los niveles de las aguas superficiales y subterráneas. Precisamente por ello, el monitoreo hidrológico y piezométrico resulta esencial para evaluar la evolución completa del fenómeno.
Sonora y una historia reciente de sequías severas
La preocupación por la disponibilidad de agua en Sonora no es nueva. En los últimos años, el estado ha atravesado periodos de sequía que han afectado la agricultura, la ganadería, el abastecimiento de agua y la planificación de los recursos hídricos.
Datos oficiales del Gobierno de Sonora, basados en el Monitor de Sequía en México, mostraron que al 30 de noviembre de 2023 el 73,6 % de los municipios del estado se encontraba en condición de sequía extrema, mientras que el 23,6 % registraba sequía severa y el 2,8 % sequía moderada.
Posteriormente, las condiciones cambiaron gracias a las lluvias registradas durante 2025. Para el 15 de enero de 2026, Conagua informó una reducción importante de las áreas afectadas por sequía en el país y destacó que las precipitaciones por arriba del promedio climatológico en el noroeste favorecieron la disminución de las condiciones de sequía en Sonora.
Sin embargo, una mejora temporal no elimina los riesgos estructurales. La recuperación después de una temporada de lluvias no significa necesariamente que todos los acuíferos hayan recuperado sus niveles históricos ni que haya desaparecido la presión provocada por la demanda agrícola, urbana e industrial.
De ahí la importancia de mantener sistemas de observación permanentes y no limitar la respuesta a los momentos de emergencia.
Un nuevo escenario de inversión para la seguridad hídrica
En 2026, el Gobierno de México y el Gobierno de Sonora consolidaron nuevas acciones dentro del Plan Integral de Agua para Sonora, una estrategia que combina obras de abastecimiento, saneamiento, tecnificación agrícola y mejoras en infraestructura hidráulica.
El 31 de marzo de 2026, Conagua informó sobre una inversión sexenal aproximada de 11 mil 500 millones de pesos para fortalecer el campo, el acceso al agua potable, el saneamiento y la prevención de inundaciones en la entidad.
Una parte importante de esta estrategia está relacionada con la modernización del uso del agua en el sector agrícola. Los distritos de riego 038 Río Mayo y 041 Río Yaqui, junto con acciones en el Distrito 018 del Pueblo Yaqui, forman parte de un programa de tecnificación orientado a producir más alimentos utilizando menores volúmenes de agua.
De acuerdo con Conagua, la inversión programada para la tecnificación de estos distritos supera los 6 mil 500 millones de pesos. La lógica detrás de estas obras no se limita al aumento de la productividad: el ahorro de agua puede contribuir a recuperar volúmenes para consumo humano y favorecer la recuperación de los acuíferos.
La prevención sustituye a la reacción
Uno de los principios centrales del Programa Nacional Contra la Sequía es precisamente reducir la dependencia de medidas improvisadas una vez que la crisis ya está en marcha.
El programa busca privilegiar la prevención mediante planes y acciones que puedan aplicarse antes, durante y después de un periodo de sequía, con el objetivo de reducir sus impactos ambientales, económicos y sociales.
En este modelo, el monitoreo desempeña un papel decisivo. No se puede administrar de manera eficiente aquello que no se mide.
Contar con información sobre las precipitaciones, los niveles de las presas, los escurrimientos y la situación de los acuíferos permite construir escenarios de riesgo y definir con mayor anticipación medidas de ahorro, restricciones temporales, obras de abastecimiento o cambios en la operación de los sistemas de riego.
En febrero de 2026, Conagua también informó que trabaja en herramientas para caracterizar la evolución de las sequías y apoyar la toma de decisiones mediante el análisis de la intensidad acumulada del fenómeno en el tiempo.
El reto nacional: agua, cambio climático y demanda creciente
La situación de Sonora se inserta en un problema de alcance nacional. México enfrenta una combinación de factores que incrementan la presión sobre los recursos hídricos: variabilidad climática, periodos prolongados de sequía, crecimiento urbano, expansión de actividades productivas y sobreexplotación de determinadas fuentes de agua.
El Programa Nacional Hídrico 2026-2030, publicado por Conagua, establece una estrategia orientada a fortalecer la gestión del agua, proteger cuencas, ríos y acuíferos, mejorar los servicios de agua potable y saneamiento, aumentar la eficiencia en las actividades productivas y reforzar la prevención frente a sequías y otros fenómenos hidrometeorológicos extremos.
Dentro de este escenario, el monitoreo adquiere una función estratégica. La información obtenida mediante pozos y redes de medición puede ayudar a determinar dónde existe una mayor presión sobre el recurso y qué regiones requieren medidas prioritarias.
Una reserva invisible que será cada vez más importante
El agua subterránea suele permanecer fuera del debate público porque no es visible como una presa o un río. Sin embargo, su papel puede resultar decisivo para garantizar el abastecimiento durante los periodos de escasez.
En Sonora, donde las condiciones climáticas pueden cambiar de manera considerable entre una temporada y otra, fortalecer el conocimiento sobre los acuíferos representa una inversión en prevención.
La experiencia reciente demuestra que las lluvias pueden mejorar temporalmente el panorama, pero también confirma que la gestión del agua no puede depender únicamente de los ciclos meteorológicos. La infraestructura, la eficiencia en el uso, la protección de las fuentes y la disponibilidad de datos confiables son elementos que deben trabajar de manera conjunta.
Por ello, el monitoreo del agua subterránea en Sonora se perfila como una pieza fundamental dentro de la resiliencia hídrica de México. Más que reaccionar cuando los pozos comienzan a agotarse o cuando las presas alcanzan niveles críticos, el objetivo es conocer con anticipación qué está ocurriendo bajo tierra y utilizar esa información para tomar mejores decisiones.
El desafío será mantener esta vigilancia de forma permanente, integrar los datos en la planificación pública y convertir el conocimiento técnico en políticas capaces de proteger tanto el abastecimiento de las ciudades como las actividades productivas y los ecosistemas.
En un país donde la sequía seguirá siendo uno de los principales riesgos asociados a la variabilidad climática, saber cuánta agua queda bajo tierra y cómo está evolucionando puede ser tan importante como construir nueva infraestructura.



