La ciudadela inca de Machu Picchu, símbolo universal del patrimonio peruano, fue escenario de una visita oficial con un propósito distinto al habitual. El ministro de Cultura, Alfredo Luna Briceño, encabezó una inspección técnica junto a un equipo de especialistas, con la intención de evaluar directamente una realidad que ya no puede entenderse solo a partir de informes administrativos.
La intervención tuvo como finalidad recopilar información de primera mano sobre los principales factores que hoy influyen en la gestión de este sitio histórico de alta fragilidad. La conservación del monumento, los circuitos turísticos, la señalización, la seguridad, el control de accesos y el sistema de venta de entradas formaron parte de una agenda que deja en evidencia una preocupación central: Machu Picchu requiere una administración más ordenada y rigurosa para garantizar su preservación.
Durante el recorrido por los circuitos 1, 2 y 3, así como por el Puente Inca, el ministro pudo constatar el comportamiento de los flujos de visitantes, identificar zonas sensibles en materia de seguridad y evaluar la claridad de la señalización. Estos aspectos, poco visibles para el turista común, resultan determinantes para proteger un espacio donde el atractivo turístico convive con un delicado equilibrio de conservación.
Otro punto clave de la inspección fue el sistema de comercialización y control de boletos, revisado en el Centro Cultural Machupicchu Pueblo. Allí se analizaron los procesos de atención al público, los mecanismos de supervisión y la calidad de la información ofrecida a los visitantes. Desde el sector Cultura se indicó que el objetivo es avanzar hacia procedimientos más transparentes y eficientes, dos desafíos históricos en la gestión del santuario.
Los especialistas también informaron sobre el estado de conservación de elementos emblemáticos como el Intihuatana, una pieza ritual de alto valor simbólico, y de los andenes incas que actualmente se encuentran en trabajos de recuperación. Se remarcó que la protección del patrimonio arqueológico debe ir de la mano con el cuidado del entorno natural, lo que hace indispensable la coordinación con entidades como el SERNANP y el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo.
El ministro Luna Briceño señaló que uno de los objetivos del Gobierno de transición es dejar una hoja de ruta clara, técnicamente fundamentada y viable. Más que anuncios grandilocuentes, explicó, se busca establecer bases sólidas que permitan conciliar la conservación del patrimonio, un turismo responsable y el desarrollo de las comunidades locales.
Al finalizar la jornada, el titular de Cultura sostuvo un encuentro con el personal de conservación y vigilancia de la Llaqta, destacando el trabajo constante y poco visible que realizan. En un lugar donde cada estructura guarda siglos de historia, la gestión efectiva —quedó claro— depende menos de los discursos y más de la capacidad del Estado para proteger aquello que representa la memoria colectiva del país.

