La comunidad se organizó para culminar una obra vial de placa huella que permanecía inconclusa desde el año anterior, demostrando que el trabajo colectivo sigue siendo clave para superar las dificultades de acceso y conectividad.
La minga comunitaria volvió a convertirse en el principal motor de progreso para los habitantes de la vereda Tola de las Lajas, quienes, una vez más, se unieron con un mismo propósito: mejorar las condiciones de movilidad y garantizar el bienestar colectivo. Cada año, estas jornadas solidarias permiten atender necesidades prioritarias, especialmente en materia de infraestructura vial, donde el apoyo institucional suele ser limitado.
En esta oportunidad, la comunidad decidió retomar una obra de placa huella que había quedado paralizada desde el año anterior debido a la falta de recursos económicos y mano de obra suficiente. La situación generó múltiples dificultades, ya que la vía principal permanecía cerrada por acumulación de material, dejando incomunicados a los residentes y afectando el transporte de personas, productos agrícolas y servicios básicos.
Gestión
“En este caso se trabajó una minga para culminar una obra que estaba quieta por falta de recursos”, expresó Marcelino Pitacuar, líder del proceso comunitario. El dirigente explicó que este proyecto fue concebido el año pasado y que su ejecución se logró gracias al esfuerzo económico de los mismos habitantes, quienes lograron recaudar cerca de 140 millones de pesos mediante aportes propios, rifas, actividades comunitarias y contribuciones voluntarias.
Pitacuar resaltó que, además del aporte económico, la comunidad colaboró activamente con vehículos particulares para el transporte de materiales como cemento, grava y herramientas, lo que permitió avanzar de manera constante en los trabajos. Esta articulación entre recursos, logística y voluntad colectiva fue fundamental para reactivar una obra considerada prioritaria para el sector.
Durante varios meses, el cierre de la vía obligó a los residentes a tomar rutas alternas, entre ellas caminos rurales por la vereda El Pacer, los cuales presentan mayores dificultades y riesgos. Esta situación incrementó los tiempos de desplazamiento y afectó de manera directa a la comunidad.
Integración
Con la llegada del nuevo gobernador del resguardo indígena de Ipiales, Marcelino Pitacuar, se fortalecieron los procesos de organización comunitaria y se logró convocar a comunidades aledañas para sumar esfuerzos en la culminación del proyecto. Este domingo se dio inicio formal a la minga, con una amplia participación de hombres y mujeres que trabajaron durante toda la jornada.
Como es tradición, los sancochos comunitarios fueron parte esencial del encuentro, permitiendo alimentar a quienes dedicaron su día a la labor. Más allá de la obra física, la minga se consolidó como un espacio de integración, diálogo y fortalecimiento del tejido social, reafirmando que la unión comunitaria sigue siendo la principal herramienta para construir desarrollo y bienestar colectivo en las zonas rurales.
De izquierda a derecha, Brayan Cuaran, Johan Atiz, Robin Vernal, Jesús Figueroa, Antonio Tenganan, horacio Córdoba, El Gobernador de resguardo de Ipiales, Marcelino Pitacuar. Idilio Pístala, Nicolas Pitacual, Roberto Cuastumal. Fredy Pitacuar, Darío Potosí, Néstor Pístala. Los cuales participaron el la Minga Colectiva para un bien común.


