El gigante azul despierta de su letargo y las señales sugieren que este podría ser el semestre del renacimiento embajador
La palabra renacimiento puede sonar exagerada después de apenas dos victorias, pero en el contexto de lo que ha sido Millonarios en los últimos semestres tiene un peso real: el club azul lleva varios torneos consecutivos sin poder consolidarse como candidato serio al título, con eliminaciones prematuras, rachas irregulares y una sensación de frustración colectiva que había calado hondo en la hinchada embajadora que veía cómo sus inversiones no se traducían en resultados. Las victorias ante Junior y Pasto no son solo tres puntos cada una sino señales de que algo está cambiando en el funcionamiento interno del equipo: Burrai sin recibir goles, los refuerzos encontrando su nivel y Bustos con un sistema que empieza a rodar con más fluidez que en el primer semestre.
Lo que más ilusiona del posible renacimiento de Millonarios es que llega en el momento preciso del torneo: todavía hay suficientes fechas por delante para construir una campaña sólida que garantice la clasificación con tiempo de sobra, los cuadrangulares finales donde el club históricamente ha tenido buen rendimiento y la posibilidad de llegar a una final con un equipo que en este momento tiene más confianza y más recursos que en cualquier otro punto del año. El partido ante el líder Medellín el próximo lunes será la prueba definitiva de si este renacimiento es real o si es otro espejismo de los muchos que la hinchada azul ha vivido en los últimos años, porque ganar en el Atanasio contra el DIM herido y motivado sería la confirmación más contundente posible de que Millonarios llegó al segundo semestre de 2026 convertido en el rival que todos deberían temer.




