En un hecho sin precedentes que sacude la memoria colectiva de Colombia, dos militares retirados del Gaula del Ejército en el Valle del Cauca devolvieron las medallas que alguna vez simbolizaron “éxito operacional”, pero que hoy reconocen como producto de ejecuciones extrajudiciales, conocidas como falsos positivos.
El acto se llevó a cabo en Cali, en el marco del Caso 05 de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), instancia creada tras el acuerdo de paz para investigar los crímenes más graves del conflicto armado. Este caso se enfoca en violaciones de derechos humanos ocurridas en el norte del Cauca y sur del Valle del Cauca.
Un acto de verdad que confronta el pasado
La diligencia, liderada por los magistrados Raúl Sánchez y Óscar Parra, estuvo cargada de simbolismo, dolor y una búsqueda genuina de reconocimiento.
Los comparecientes —entre ellos el coronel (r) Jorge Enrique Florián y el mayor (r) Mauricio Ordóñez Galindo— admitieron su responsabilidad en estos crímenes. Reconocieron que las víctimas no eran combatientes, desmontando una narrativa que durante años justificó lo injustificable.
Una frase estremeció la sala: “Quienes debíamos proteger la vida, optamos por la muerte”. Con esas palabras, no solo aceptaron su culpa, sino que abrieron una puerta hacia la verdad.
La voz de las víctimas: memoria viva
Uno de los momentos más conmovedores del acto fue protagonizado por los familiares de las víctimas. Con fotografías en mano, escucharon los nombres de sus seres queridos y respondieron al unísono: “¡Presente!”.
Ese grito no fue solo un acto simbólico. Fue una declaración de dignidad, una forma de resistir al olvido y de reclamar justicia en medio de años de silencio e impunidad.
De símbolo de honor a evidencia de engaño
Las medallas entregadas fueron calificadas por los propios comparecientes como “objetos del engaño” y “medallas de la infamia”. Aquellas condecoraciones que alguna vez representaron logros militares ahora son pruebas tangibles de un sistema que incentivó resultados a cualquier costo.
Actualmente, estas medallas quedan bajo custodia de la JEP. Serán las víctimas quienes decidirán su destino, en un acto de reparación simbólica que busca devolverles parte del poder que les fue arrebatado.
Un paso hacia la reconciliación
Este acto no borra el dolor ni sustituye la justicia plena, pero marca un avance significativo en el proceso de verdad y reparación en Colombia. El reconocimiento del daño, la aceptación de responsabilidades y el pedido de perdón son pasos fundamentales hacia la reconciliación.
En un país donde las heridas del conflicto siguen abiertas, este tipo de gestos envía un mensaje claro: sin verdad no hay justicia, y sin justicia no hay paz.
Memoria, verdad y dignidad
El Caso 05 de la JEP continúa revelando la magnitud de los crímenes cometidos en el marco del conflicto armado. Y aunque cada testimonio duele, también contribuye a construir una memoria colectiva más honesta.
Colombia enfrenta su historia con dificultad, pero también con valentía. Y en actos como este, donde el silencio se rompe y la verdad emerge, se siembra la posibilidad de un futuro distinto.
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