Ir tras la trayectoria de vida del maestro Miguel Garzón Arteaga es encontrar que cada uno de sus pasos marca la ruta hacia la fundación de una revista, de un periódico y un informativo radial, como si no hubiese vivido si no para el lenguaje y por ende la comunicación. Una labor que tiene como punto de partida el periódico universitario” Las Palabras” publicado con la colaboración de los estudiantes de Nariño matriculados en la Universidad Nacional. Luego de regreso a Nariño, viviendo en Pasto, con la compañía del profesor Edmundo Cerón da inicio a la emisión del programa radial “La voz del estudiantado” en la Emisora Cultural Bolívar por lo que viaja a Ipiales una vez cada semana. Son los tiempos de cuando los estudiantes a nivel mundial se ponían a la vanguardia del pensamiento y conmocionaban al mundo con sus exigencias producto del desencanto dejado por las guerras libradas por esa sociedad adulta a la que parecía importarle poco o nada el ideal de un mundo hecho para la paz y el amor, el arte y la ciencia puesta al servicio del hombre, no como instrumento de autodestrucción.
No por razones diferentes a su formación el maestro Migue buscó ser el faro que también condujera al pensamiento de los jóvenes de entonces ha nutrirse en las mismas fuentes que él frecuentaba. Son días en los que la América Latina es agitada por los movimientos marxistas que buscan un cambio hacia unas formas de gobierno representativas en la realidad del querer de los pueblos, solo que si bien en algunos países se logra como triunfo de la insurgencia armada en otros es motivo de la imposición de regímenes autoritarios de corte militar. Una realidad que no le es ajena al joven Miguel Garzón, discípulo de Camilo Torres y Orlando Fals Borda, y compañero de aula del otro grande del periodismo Alfredo Molano, con el cual alguna vez se volvieron a encontrar para recordar aquellos tiempos en los que el compromiso con la causa lo era todo.
Alfredo por allá en Bogotá y Miguel en su Ipiales al lado de Heraldo Romero, los dos formando parte del “Movimiento cívico” en el cual fue responsable de la comunicación por lo que la ciudadanía siempre estuvo al día de lo sucedido en las asambleas populares gracias a que logro que le permitieran encadenar las emisoras locales semanalmente para su transmisión.
Por ello nadie mejor que el maestro Miguel para demostrar que la razón de ser de la palabra es la comunicación y de que la comunicación solo tiene sentido si con ella se construye y promueve el cambio. Si promueve una constante búsqueda de lo nuevo mediante el ejercicio del periodismo como la consolidación del dialogo que justifica el pensamiento. Y así lo entendió y practicó desde los años de “Las Palabras” como estudiante universitario hasta cuando dirigió “Morada”, luego de haber estado al frente del periódico regional DIARIO DEL SUR y de RETO, único magazín dominical de carácter cultural que tuvo larga presencia entre nosotros. Lo que lo convierte en un hito de la prensa al reconocer que su existencia no tuvo otro motivo que su quehacer diario siempre dependiendo de la comunicación, por lo que su mayor virtud fue darles significado a sus silencios en tanto que cuando hacía uso de la palabra era para que esta expresara con precisión una idea, un sentir, presentara su manera de ver y valorar la realidad.
Miguel Garzón Arteaga si supo disfrutar de la belleza del mejor oficio del mundo, como calificó alguna vez Albert Camus al periodismo, oficio del que siempre estuvo orgulloso de ejercerlo el premio nobel Gabriel García Márquez y al que Miguelito, como lo llamaban sus amigos, honrara siempre.
Por: Ricardo Sarasty.




