La migración por mar a Europa ha experimentado un descenso considerable durante 2026. Sin embargo, la reducción en el número de personas que alcanzan las costas europeas no ha significado una disminución de las tragedias en las rutas marítimas.
Según los datos publicados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 60.000 migrantes y refugiados llegaron a Europa por vía marítima entre el 1 de enero y el 15 de septiembre de 2026. La cifra representa una caída del 39 % frente a las 98.040 llegadas registradas durante el mismo periodo de 2025.
Al mismo tiempo, al menos 2.292 personas murieron o desaparecieron mientras intentaban completar las travesías marítimas hacia Europa. El año pasado, durante el mismo periodo, la OIM había documentado 1.999 víctimas.
Esto significa que, pese a que menos personas están llegando por mar, el número registrado de fallecidos y desaparecidos aumentó alrededor de un 15 %. La propia OIM advierte, además, que el número real podría ser superior porque existen naufragios y desapariciones que nunca llegan a ser documentados.
Menos llegadas, pero más víctimas
Los datos de la OIM muestran una aparente contradicción: el volumen de personas que llegan a Europa por mar disminuyó de manera significativa, pero las rutas continúan cobrando vidas.
Entre enero y el 15 de septiembre de 2025 se contabilizaron 98.040 llegadas marítimas a Europa. En el mismo periodo de 2026 fueron registradas alrededor de 59.500, según la base de datos de la OIM.
La diferencia equivale a un descenso cercano al 39 %.
Sin embargo, las muertes y desapariciones pasaron de 1.999 a 2.292. La OIM considera que esta evolución evidencia que la reducción de los flujos no necesariamente implica que las rutas sean más seguras.
La agencia de Naciones Unidas señala que muchas personas continúan utilizando embarcaciones precarias, sobrecargadas y con escasas condiciones de seguridad para atravesar el Mediterráneo y el Atlántico.
Además, cuando una embarcación desaparece sin testigos o sin supervivientes, establecer el número exacto de víctimas resulta especialmente difícil.
El Mediterráneo central concentra una parte importante de la tragedia
Una de las principales rutas hacia Europa es la del Mediterráneo central, utilizada principalmente para intentar alcanzar Italia desde el norte de África.
Durante 2026, las llegadas por esta ruta disminuyeron un 55 %, al pasar de 48.231 en el mismo periodo de 2025 a 21.393.
A pesar de la fuerte reducción de los desembarcos, las muertes y desapariciones aumentaron: pasaron de 844 a 996.
La ruta sigue siendo especialmente peligrosa debido a las largas distancias marítimas, las condiciones meteorológicas cambiantes y el uso de embarcaciones que no siempre están diseñadas para realizar travesías oceánicas.
La OIM ha señalado que una parte importante de estas salidas tiene como punto de partida las costas de Libia.
Grecia también registra menos llegadas, pero aumentan las muertes
Grecia constituye otro de los principales puntos de entrada marítima al continente europeo.
Según la OIM, hasta mediados de septiembre de 2026 se habían contabilizado 20.428 llegadas a Grecia, frente a las 25.427 registradas durante el mismo periodo de 2025.
Esto supone una disminución de casi 5.000 personas.
Sin embargo, en las rutas del Mediterráneo oriental asociadas con Grecia, las muertes y desapariciones aumentaron de 284 a 417.
La evolución muestra nuevamente que el número de personas que consigue completar el viaje y el nivel de riesgo de una determinada ruta son variables diferentes.
España mantiene un elevado número de víctimas
España también ha registrado un descenso en las llegadas marítimas.
La OIM contabilizó 16.794 llegadas a España a través de las rutas del Atlántico y del Mediterráneo occidental hasta el 15 de septiembre de 2026. Durante el mismo periodo de 2025 habían sido 22.855.
La reducción fue del 26 %.
No obstante, las muertes y desapariciones asociadas a estas rutas permanecieron en niveles elevados, con 879 víctimas registradas.
El dato adquiere especial relevancia por la peligrosidad de la ruta atlántica hacia las islas Canarias, donde las embarcaciones pueden recorrer grandes distancias en el océano antes de alcanzar territorio español.
En los últimos años, organizaciones internacionales han advertido que los trayectos hacia Canarias pueden ser particularmente peligrosos debido a la distancia, las condiciones del Atlántico y las características de algunas embarcaciones utilizadas.
Las rutas no son iguales y los datos no representan toda la realidad
Cuando se habla de migración marítima hacia Europa, no existe una única ruta.
Los principales corredores marítimos incluyen el Mediterráneo central, que conecta el norte de África con Italia; el Mediterráneo oriental, utilizado para llegar principalmente a Grecia y otros territorios del sureste europeo; y las rutas occidentales, que incluyen tanto el Mediterráneo occidental como el Atlántico hacia España y las islas Canarias.
La Unión Europea también diferencia estas rutas en sus estadísticas oficiales sobre llegadas irregulares.
Además, las cifras de la OIM deben interpretarse como registros documentados, no como un recuento absoluto de todas las personas que intentaron realizar las travesías.
Los naufragios en alta mar pueden quedar sin registro cuando no hay supervivientes, restos de embarcaciones o información procedente de familiares y autoridades.
Por esa razón, la OIM advierte que las cifras de muertes y desapariciones probablemente están por debajo de la realidad.
Más de 17.000 personas fueron interceptadas y devueltas a Libia
Otro elemento relevante de la situación migratoria en el Mediterráneo central son las interceptaciones.
De acuerdo con las cifras recopiladas por la OIM, 17.067 personas fueron interceptadas en el mar y devueltas a Libia entre enero y mediados de septiembre de 2026.
La cifra forma parte del seguimiento que realiza la organización sobre los movimientos migratorios en la región.
Este tipo de operaciones se desarrolla en un contexto en el que los países europeos han incrementado su cooperación con Estados de tránsito para intentar impedir que las embarcaciones lleguen a territorio europeo.
La cuestión también genera un intenso debate internacional relacionado con la protección de las personas migrantes, el derecho de asilo y las condiciones a las que pueden quedar expuestas después de ser interceptadas.
¿Por qué están disminuyendo las llegadas?
La reducción del 39 % no puede atribuirse a una única causa.
Los movimientos migratorios dependen de numerosos factores, entre ellos las condiciones en los países de origen, las oportunidades económicas, los conflictos, las redes de tráfico y trata de personas, las políticas de control fronterizo y los acuerdos entre países de origen, tránsito y destino.
También influyen las operaciones de vigilancia e interceptación realizadas en las rutas marítimas.
En el caso de la Unión Europea, 2026 representa además un año de cambios importantes en el sistema común de migración y asilo.
El Pacto sobre Migración y Asilo de la Unión Europea comenzó a aplicarse el 12 de junio de 2026, después de un periodo de transición iniciado tras su adopción en 2024. El nuevo marco establece procedimientos comunes para cuestiones como el control en las fronteras, el procesamiento de solicitudes de asilo, la responsabilidad de los Estados miembros y los mecanismos de solidaridad.
Por ello, las cifras de llegadas de 2026 se producen en un contexto europeo diferente al de años anteriores.
La Unión Europea endurece y reorganiza su sistema migratorio
El Pacto sobre Migración y Asilo constituye una de las principales reformas recientes de la política migratoria europea.
Entre sus objetivos se encuentran establecer procedimientos más uniformes para gestionar las solicitudes de protección internacional, reforzar los controles fronterizos y establecer mecanismos de solidaridad entre los países que reciben mayor presión migratoria.
La Comisión Europea señala que las nuevas reglas buscan combinar la responsabilidad de los Estados miembros con mecanismos de solidaridad y garantías para los solicitantes de asilo.
En febrero de 2026, además, el Consejo de la Unión Europea aprobó una lista común de países considerados seguros de origen y modificaciones al concepto de tercer país seguro, medidas que empezaron a aplicarse junto con el resto del Pacto el 12 de junio.
En materia de retornos, el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo alcanzaron en junio un acuerdo provisional destinado a establecer procedimientos europeos más eficaces para devolver a personas que no tienen derecho legal a permanecer en territorio comunitario. La propuesta también contempla la posibilidad de establecer centros de retorno en terceros países bajo determinadas condiciones y con salvaguardas relacionadas con los derechos fundamentales.
Estas medidas forman parte del contexto político y jurídico en el que se desarrolla la migración hacia Europa durante 2026.
La caída de las llegadas no significa que haya desaparecido la presión migratoria
Los datos tampoco significan que la migración hacia Europa haya dejado de ser un fenómeno importante.
La base de datos de la OIM contabilizaba, al 15 de septiembre, 70.205 llegadas totales a Europa por mar y tierra, de las cuales 59.495 correspondían a llegadas marítimas.
La cifra de llegadas totales incluye diferentes vías de entrada y no debe confundirse con el dato específico de personas que llegaron por mar.
Por su parte, las instituciones europeas mantienen sistemas de seguimiento específicos para las llegadas irregulares a los países de la Unión Europea y las diferentes rutas migratorias.
Esto permite observar una diferencia importante entre los registros europeos y los de la OIM: no todas las estadísticas utilizan exactamente las mismas definiciones, periodos o áreas geográficas.
El aumento de las muertes es la principal alerta de la OIM
Para la OIM, la cifra que más preocupa no es únicamente la reducción de las llegadas, sino el incremento de personas que mueren o desaparecen durante el trayecto.
La directora general de la organización, Amy Pope, señaló que las cifras muestran dos realidades simultáneas: menos personas llegan a Europa por mar, pero quienes intentan realizar las travesías continúan enfrentándose a riesgos extremadamente altos.
La organización sostiene que las muertes y desapariciones en el mar pueden prevenirse mediante una combinación de cooperación internacional, operaciones de búsqueda y rescate, lucha contra las redes de trata y tráfico de personas y ampliación de vías seguras y regulares para la migración.
La OIM también subraya las consecuencias que tienen las desapariciones para las familias. Cuando no existen cuerpos identificados o información suficiente sobre un naufragio, los familiares pueden pasar años intentando conocer el destino de sus seres queridos.
Una tragedia que no siempre queda registrada
Uno de los principales problemas para conocer la dimensión real de la crisis es que el mar puede ocultar las consecuencias de los naufragios.
Una embarcación puede desaparecer sin que exista un registro completo de sus pasajeros. En otros casos, solo se recuperan algunos cuerpos o aparecen supervivientes capaces de aportar información.
Por esta razón, los 2.292 muertos o desaparecidos contabilizados por la OIM no deben interpretarse como una cifra definitiva de todas las personas que perdieron la vida durante las travesías hacia Europa en 2026.
La propia organización advierte que muchos incidentes no son registrados, por lo que el número real probablemente sea superior.
Un descenso que plantea una paradoja
Los datos disponibles hasta el 15 de septiembre dibujan un escenario complejo.
Por un lado, las llegadas marítimas disminuyeron considerablemente. Italia registró una caída del 55 % en la ruta del Mediterráneo central, Grecia también experimentó un descenso y España recibió menos personas por sus rutas marítimas que durante el mismo periodo de 2025.
Pero, por otro lado, 2.292 personas murieron o desaparecieron durante las travesías, frente a 1.999 un año antes.
En otras palabras, el descenso del número de llegadas no se ha traducido en un descenso equivalente de las víctimas.
La evolución de 2026 vuelve a colocar en el centro del debate europeo la seguridad de las rutas marítimas, la capacidad de búsqueda y rescate, la lucha contra las redes de tráfico de personas y las vías legales para solicitar protección o migrar.
Mientras las políticas europeas de control fronterizo y asilo continúan transformándose, las cifras de la OIM muestran que el Mediterráneo y el Atlántico siguen siendo corredores de alto riesgo para miles de personas que intentan alcanzar Europa.




