Miedo latente en la ciudad portuaria

El municipio enfrenta un clima de paranoia política
Amenazas al secretario de tránsito, suspensiones y atentados, mientras capturas de los “shotas” desgastan aún más el tejido social e institucional.
Redacción EXTRA
Buenaventura atraviesa un momento de tensión que parece multiplicarse con cada día. A los problemas legales de la alcaldesa, la suspensión de la secretaria de seguridad y el atentado contra un candidato de comunidades afro, ahora se suma un nuevo episodio que incrementa la sensación de miedo latente: el secretario de tránsito, Nicomedes Torres Cándelo, ha sido amenazado de muerte. De manera extraoficial, se conoció que incluso habría sido víctima de un intento de agresión con un arma corto punzante, lo que eleva la alarma en el tejido institucional de la ciudad.
Antecedentes
La situación no es aislada. Buenaventura vive un desgaste social profundo, marcado por la violencia política y la fragilidad de sus instituciones. La ausencia de una secretaria de seguridad en funciones, el vacío de poder y las constantes capturas de integrantes de los llamados “shotas” han generado un ambiente que muchos describen como “alborotar el avispero”. Cada golpe contra estas estructuras ilegales parece traer consigo una reacción violenta, que se traduce en amenazas, atentados y un clima de paranoia colectiva.
Comunidad
La ciudadanía observa con preocupación cómo las figuras públicas se convierten en blanco de intimidaciones, mientras la gobernabilidad se resquebraja. El miedo se instala en las calles y oficinas, y la percepción de inseguridad crece como una sombra que se extiende sobre todos los sectores. Los rumores, las versiones extraoficiales y las denuncias públicas alimentan un ambiente donde la desconfianza es la norma y la sensación de que cualquier autoridad puede ser atacada se vuelve cotidiana.
Este panorama refleja no solo la crisis política de Buenaventura, sino también la fragilidad de un sistema que parece incapaz de garantizar estabilidad. La amenaza contra Torres Cándelo es un síntoma más de un tejido social desgastado, donde la violencia se mezcla con la política y la institucionalidad se tambalea. En este contexto, la ciudad enfrenta un desafío monumental: recuperar la confianza, contener la violencia y evitar que la paranoia se convierta en la nueva normalidad.
Consecuencias
La pregunta que se hacen los habitantes es si las instituciones tienen la capacidad real de responder a esta ola de intimidaciones. Mientras tanto, el eco de las capturas de los “shotas” sigue resonando como un trueno que desata más tormenta que calma, y la sensación de que Buenaventura vive bajo amenaza constante se convierte en un miedo colectivo difícil de disipar.

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