México se va del Mundial entre lágrimas pero con la cabeza en alto tras su mejor fase de grupos en la historia
La Selección Mexicana cerró su participación en el Mundial 2026 de la manera más cruel posible: eliminada en octavos de final, en su propio estadio, por 3-2 ante Inglaterra, extendiendo la maldición del quinto partido que lleva persiguiendo al Tri desde 1994. Treinta y dos años después, México sigue sin poder superar los octavos de final en una Copa del Mundo, un fantasma que ni la mejor fase de grupos de su historia ni la euforia de 87,000 aficionados en el Azteca pudieron exorcizar esta vez. Javier Aguirre asumió toda la responsabilidad y se quebró frente a las cámaras, sabiendo que dirigió a un equipo que lo dio absolutamente todo pero que en los momentos más importantes pagó la diferencia de jerarquía ante uno de los candidatos al título.
Lo que deja este México es una mezcla de orgullo y frustración que va a tardar mucho en digerirse. La fase de grupos fue histórica: nueve puntos, tres victorias, arco en cero y el único equipo junto a Francia en completar la fase perfecta. Quiñones, Jiménez y el regreso emotivo de Ochoa con 40 años generaron momentos que quedarán en la memoria colectiva del país por generaciones. Pero el fútbol es cruel y los octavos lo recordaron brutalmente: Bellingham marcó dos goles en dos minutos y México, pese a remontar hasta el 2-3 con un hombre más, no pudo completar la hazaña. El sueño se acaba en 2026, pero la pregunta que quedará resonando en todo México es si esta generación tendrá otra oportunidad de romper la maldición en el futuro.



