¡México!

El materialismo histórico enseña lo inexorable que es el tránsito de formas inferiores y atrasadas de organización de la sociedad hacia formas superiores, mejor organizadas y con objetivos incluyentes. “Nova in vetera”, lo nuevo sobre lo viejo es inevitable. 

De ahí que no sea ningún azar que la nueva presidenta de México, mujer, en un país machista y patriarcal haya ganado las elecciones, como tampoco es coincidencia que la segunda votación también haya sido por una mujer, también de izquierda que se suman a Bachelet de Chile, Kisner de Argentina y Rusself en Brasil. No es coincidencia que el presidente que sale de México, López Obrador lo haga con una favorabilidad parecida a la votación de la candidata a sucederlo apoyada por aquel y su partido, ganándole de lejos a la candidata del PRI (que gobernó 70 años, parecido a liberales y conservadores en Colombia que agotaron su modelo). Tampoco es coincidencia que México junto a Brasil, Colombia y Chile estén gobernados por el progresismo (sin contar Cuba, Nicaragua y Venezuela) y en Argentina haya un rechazo radical al presidente ultraderechista Milei.  

En América latina se está agotando el modelo derechista, oscurantista, falangista que no quiere modernizarse que se resiste a asumir la democracia, la participación la transparencia, la equidad, la justicia y la igualdad; categorías estas que se han perdido desde la llegada de los españoles a nuestra América. Tampoco es coincidencia que en Colombia después de 200 años y por primera vez llegara un gobierno progresista, pues solo es la ratificación de la crisis del mundo unipolar que cada vez cede espacio a las expresiones políticas democráticas que han tenido como antecedente los levantamientos sociales como los independentistas o las primaveras árabes, de walt street y la de Macondo. Entonces, no es ninguna coincidencia que las vertientes del progresismo se encuentren en América latina para construir otro mundo posible.

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El mismo Materialismo explica que el avance de la sociedad hacia formas superiores es irreversible, con altibajos sí, pero finalmente irreversibles. Así lo advertía Salvador Allende, el inmolado presidente de Chile: “Más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre”.

Para no ir muy lejos, Nariño avanza en medio de otra cultura política, distante de la conservadora-liberal, con retrocesos, pero avanza inexorablemente.