Alejandro Reyes

Memorial de agravios

POR: ALEJANDRO REYES

No pueden sentir nada por si mismos, es preciso, si hablar me es permitido, que en nombre de los dioses otro se compadezca y se conmueva. Hölderlin – Fragmento de “Himno al Rhin”

Muchas voces nacen en este escrito, y el espíritu del agua infunde en estas líneas el desasosiego de su abusada existencia.  Es esta columna un memorial de agravios que el agua entona hacia la avaricia del ser humano que socava toda vitalidad hasta extinguirla.

Los páramos quemados y arados para alimentar la voracidad de una sociedad incapaz de reconectar con sus ritmos naturales.  Con esto, el agua desaparece sacrificada en el ensangrentado altar de los mercados.

Los nacederos tapados con tierra para cultivar alimentos envenados que nutren las mentes y los cuerpos tóxicos de una sociedad que cava su propia tumba. Por esto, el agua desaparece sacrificada en el ensangrentado altar de los mercados.

El desperdicio del agua para producir sin consideración litros y litros de leche que se usan sin distingo en el chocolate del desayuno ¿quién iba a pensar que sería ese líquido blanco una suerte de alquimia que convierte la sangre del páramo en oro?  La sangre de los frailejones, las puyas y el oso es el agua que desaparece sacrificada en el ensangrentado altar de los mercados.

El agua embotellada para satisfacer la incompetencia y la paradójica avaricia de los humanos que han olvidado como y donde nace este líquido vital y empeñan en su diario vivir tres monedas para obtener un poco de lo que representa el 70% de su existencia. Con el humano, el agua desaparece sacrificada en el ensangrentado altar de los mercados.

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Los niños en la Guajira muriendo de sed y hambre por el desvío de quebradas y ríos para explotar el oro negro de la muerte declarada, el sacrificio obligado para satisfacer la irracionalidad de quien con poder hoy someten al pueblo Wayuu a desaparecer, así como desaparece el agua sacrificada en el ensangrentado altar de los mercados.

Estamos borrachos de terribles esperanzas suicidas que someten la vida bajo la bota opresora del capital, hoy pareciese que el cielo es demasiado pequeño para nosotros, y nuestro ego nos consume junto a toda la existencia. Bendice la tormenta este despertar acuático y entono el canto de la exaltación, la soberbia y la rabia, estamos hartos de plegarias y de zalamerías, hoy somos la herida y el cuchillo, la mejilla y la bofetada, somos los verdugos y las víctimas de nuestra codiciosa existencia mientras el agua desaparece sacrificada en el ensangrentado altar de los mercados.