El transporte marítimo internacional atraviesa una transformación impulsada por la necesidad de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. En este proceso, la medición precisa del combustible utilizado por los barcos se ha convertido en un elemento cada vez más importante para conocer el desempeño energético de las embarcaciones y establecer estrategias de reducción de emisiones.
En ese contexto, los medidores de flujo en buques han adquirido especial relevancia. Estos dispositivos permiten registrar cuánto combustible circula por los sistemas que alimentan los motores y otros consumidores de energía de una embarcación, proporcionando información que puede utilizarse para calcular el consumo y mejorar la gestión energética.
Sin embargo, es importante precisar un aspecto de la información que circula sobre esta medida: la Organización Marítima Internacional (OMI o IMO, por sus siglas en inglés) no ha establecido como requisito mundial que todos los buques de carga pesada deban instalar medidores de flujo. Lo que sí existe es un sistema obligatorio de recopilación y reporte del consumo de combustible para determinados buques, dentro del marco del Convenio MARPOL Anexo VI, y los medidores de flujo constituyen uno de los métodos que pueden utilizarse para obtener esos datos.
¿Por qué se está midiendo con mayor precisión el combustible?
El combustible es uno de los principales factores relacionados con las emisiones de un buque. Cuanto mayor sea el consumo de combustibles fósiles, mayor será, en términos generales, la cantidad de dióxido de carbono (CO₂) asociada a sus operaciones.
Por esta razón, conocer únicamente cuánto combustible se cargó en un puerto no siempre ofrece toda la información necesaria para evaluar el comportamiento de una embarcación. Es necesario conocer también cuánto combustible se consume durante la navegación, cuánto utilizan los diferentes motores y cómo cambia ese consumo según la velocidad, la carga, las condiciones marítimas y las decisiones operativas.
La IMO creó el Data Collection System (DCS) precisamente para disponer de información comparable sobre el consumo de combustible de los buques. Desde el 1 de enero de 2019, los buques de 5.000 toneladas de arqueo bruto (GT) o más están obligados a recopilar datos sobre el combustible que utilizan y otra información operacional. Según la IMO, estos buques representan aproximadamente el 85 % de las emisiones totales de CO₂ del transporte marítimo internacional.
¿Qué son los medidores de flujo?
Un medidor de flujo es un instrumento diseñado para determinar la cantidad de un fluido que circula por una tubería durante un determinado periodo.
En un buque puede instalarse dentro del sistema de combustible para registrar el flujo que llega a los motores principales, motores auxiliares, calderas u otros equipos consumidores.
La información obtenida puede utilizarse para conocer:
- Cantidad de combustible consumido.
- Consumo por hora.
- Consumo de diferentes equipos.
- Variaciones del consumo durante un viaje.
- Eficiencia operacional.
- Datos necesarios para determinados sistemas de seguimiento y reporte.
Los sistemas más avanzados pueden integrar estas mediciones con otros datos del barco, como velocidad, distancia recorrida, potencia del motor y posición, permitiendo construir una imagen mucho más completa del rendimiento de la embarcación.
La precisión es especialmente importante con combustibles pesados
Los llamados Heavy Fuel Oils (HFO) y otros combustibles utilizados tradicionalmente por parte de la flota marítima presentan características que hacen importante controlar adecuadamente las condiciones de medición.
La temperatura y la densidad del combustible, por ejemplo, pueden influir en la relación entre volumen y masa. Por ello, los procedimientos de medición y reporte deben contemplar aspectos como la densidad, la calibración y la incertidumbre asociada a los instrumentos.
La normativa europea de seguimiento de emisiones marítimas, por ejemplo, contempla el uso de medidores de flujo como uno de los métodos para determinar el combustible consumido. Cuando el consumo se obtiene en volumen, debe convertirse a masa utilizando valores de densidad adecuados.
La IMO ya exige controlar el consumo, pero no obliga a utilizar un único instrumento
Esta es una de las claves para entender correctamente el tema.
El sistema DCS de la IMO establece la obligación de recopilar y reportar información, pero permite diferentes metodologías para determinar el consumo de combustible.
Entre las posibilidades contempladas se encuentran:
- Registros de entrega de combustible y mediciones periódicas de los tanques.
- Sistemas de medición de los tanques de combustible.
- Medidores de flujo aplicados a los procesos de combustión correspondientes.
- Determinados sistemas de medición directa de emisiones de CO₂ en los casos en que sean aplicables.
Por tanto, un buque sujeto al DCS no necesariamente incumple las normas por no tener un medidor de flujo instalado, siempre que utilice una metodología válida para cumplir con los requisitos de recopilación y reporte. La propia IMO señala que los buques deben recopilar los datos correspondientes y reportarlos a su Estado de bandera.
¿Entonces por qué los medidores de flujo están ganando importancia?
La principal ventaja es que permiten obtener una medición más directa del combustible que circula por el sistema.
En lugar de depender exclusivamente de estimaciones realizadas a partir de las existencias de los tanques, los medidores pueden registrar el flujo de combustible de manera continua.
Las directrices de la IMO contemplan precisamente el uso de medidores de flujo para calcular el consumo anual a partir de las mediciones diarias de los diferentes procesos consumidores. También establecen que los medidores utilizados deben estar identificados en el plan de recopilación de datos y que la calibración debe estar contemplada, con registros de mantenimiento disponibles a bordo.
Esto abre la puerta a una gestión más detallada del rendimiento energético.
De la medición del combustible al cálculo de emisiones
Medir combustible no significa medir directamente las emisiones, pero ambas variables están estrechamente relacionadas.
Si se conoce qué cantidad y qué tipo de combustible utiliza un buque, es posible aplicar los factores de emisión correspondientes para estimar las emisiones de CO₂.
Por eso, disponer de datos fiables de consumo resulta fundamental para los programas de descarbonización.
La IMO utiliza los datos recopilados mediante su DCS para diferentes objetivos regulatorios. Desde 2023, estos datos también sirven para calcular la intensidad de carbono operacional de los buques, conocida como CII.
El CII añade presión sobre la eficiencia de los buques
El Carbon Intensity Indicator (CII) es uno de los instrumentos que forman parte de las medidas de eficiencia energética de la IMO.
Su objetivo es relacionar las emisiones de carbono con la actividad de transporte realizada por un buque. Las embarcaciones reciben una calificación operacional de A a E, donde A representa el mejor desempeño y E el peor.
Estas medidas entraron en aplicación a partir de 2023 y forman parte del esfuerzo de la IMO para reducir la intensidad de carbono del transporte marítimo.
En este escenario, contar con información precisa sobre el consumo puede ayudar a los operadores a detectar ineficiencias y tomar decisiones sobre velocidad, rutas, mantenimiento y utilización de los motores.
Una tendencia que ya existe en algunos puertos
Aunque no existe un mandato mundial de la IMO que obligue a todos los buques a instalar medidores de flujo, sí existen jurisdicciones que han impuesto requisitos específicos de medición durante las operaciones de abastecimiento de combustible.
Uno de los casos más conocidos es Singapur.
La Maritime and Port Authority of Singapore estableció el uso de sistemas de medición de flujo másico para las operaciones de transferencia de determinados combustibles marinos en el puerto. La experiencia ha sido presentada por organismos de la industria como un ejemplo de cómo estos sistemas pueden mejorar la transparencia en las operaciones de suministro de combustible.
Esto es diferente de afirmar que la IMO haya impuesto la instalación de estos equipos en todos los barcos del mundo.
¿Qué beneficios puede aportar esta tecnología?
El uso de sistemas de medición más precisos puede generar beneficios tanto ambientales como económicos.
Mayor control del combustible
El operador puede conocer con mayor precisión cuánto combustible está utilizando el buque y detectar diferencias inesperadas en el consumo.
Mejor gestión energética
Los datos pueden compararse con variables como velocidad, carga y potencia para identificar operaciones poco eficientes.
Mayor transparencia
Durante el abastecimiento de combustible, los medidores de flujo másico pueden ayudar a determinar con mayor precisión la cantidad transferida entre el proveedor y el buque.
Mejores datos para las emisiones
Una medición fiable del combustible facilita la elaboración de cálculos relacionados con las emisiones de gases de efecto invernadero.
Apoyo a la digitalización
Los medidores pueden integrarse con sistemas digitales que recopilan información automáticamente y la presentan mediante plataformas de supervisión.
No se trata solamente de instalar un dispositivo
La instalación de un medidor de flujo por sí sola no garantiza una reducción de emisiones.
El instrumento mide el combustible; no hace que el motor consuma menos automáticamente.
La reducción depende de lo que se haga con la información obtenida.
Por ejemplo, un operador podría descubrir que un barco está consumiendo más combustible de lo esperado a determinada velocidad. A partir de esa información podría estudiar alternativas como reducir la velocidad, optimizar las rutas, mejorar el mantenimiento del motor o analizar el estado de la hélice y del casco.
De esta manera, la medición se convierte en una herramienta para tomar decisiones.
Una industria que busca reducir sus emisiones
El interés por estas tecnologías forma parte de una transformación mucho mayor dentro del transporte marítimo.
En julio de 2023, la IMO adoptó su Estrategia de 2023 para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los buques, que establece la ambición de alcanzar emisiones netas cero del transporte marítimo internacional hacia o alrededor de 2050. La estrategia también plantea reducir las emisiones totales del sector al menos un 20 %, aspirando al 30 %, para 2030, y al menos un 70 %, aspirando al 80 %, para 2040, respecto de 2008.
Además, la organización plantea aumentar progresivamente la utilización de tecnologías, combustibles y fuentes de energía con emisiones nulas o cercanas a cero.
Esto incluye alternativas como combustibles renovables, metanol, amoníaco, biocombustibles y otras tecnologías que están siendo desarrolladas para disminuir la dependencia de combustibles fósiles.
El desafío será combinar medición y descarbonización
El futuro de la regulación marítima no dependerá únicamente de saber cuánto combustible consume cada barco.
La información deberá combinarse con indicadores de eficiencia, tecnologías de propulsión más limpias, combustibles alternativos y nuevas estrategias operativas.
En ese escenario, los medidores de flujo pueden convertirse en una pieza importante de una arquitectura tecnológica más amplia: sensores a bordo, sistemas de gestión energética, comunicación de datos y plataformas capaces de analizar el comportamiento del buque.
La evolución también será relevante para las empresas navieras, porque la eficiencia energética tiene una dimensión ambiental, pero también económica. Un menor consumo de combustible puede significar menores costos operativos, siempre que se mantenga la seguridad y se cumplan los tiempos y condiciones de transporte.
¿Qué puede cambiar para los grandes buques de carga?
Los grandes portacontenedores, graneleros y petroleros se encuentran entre los principales tipos de embarcaciones para los que el seguimiento del consumo tiene especial importancia.
Para estas operaciones, pequeñas mejoras en el consumo por viaje pueden representar diferencias considerables cuando se multiplican por cientos de viajes y por el tamaño de las flotas.
Por eso, la tendencia apunta hacia sistemas cada vez más digitalizados capaces de recopilar datos de manera automática y utilizarlos para mejorar la eficiencia.
El objetivo final no es simplemente instalar más sensores, sino convertir los datos en decisiones capaces de reducir el consumo y las emisiones.
Un paso dentro de una transformación más amplia
La discusión sobre los medidores de flujo refleja una transformación que está modificando la forma en que se gestiona el transporte marítimo.
La IMO ya cuenta con mecanismos obligatorios para recopilar información sobre el consumo de combustible de los buques de 5.000 GT o más, mientras que el CII utiliza esos datos dentro del marco de evaluación de la intensidad de carbono operacional.
En consecuencia, la medición precisa del combustible tendrá cada vez más importancia para las compañías navieras que quieran conocer su desempeño, reducir costos y prepararse para un sector marítimo sometido a objetivos climáticos cada vez más exigentes.
La precisión de los datos no reduce por sí misma las emisiones, pero permite saber dónde se consume el combustible, identificar ineficiencias y tomar decisiones para navegar de manera más eficiente. Esa es precisamente la razón por la que los medidores de flujo y otras tecnologías de monitorización están ganando protagonismo en la transición hacia un transporte marítimo con menores emisiones.




