Mea culpa

Chucho Martinez

Desde hace siglos todas las iglesias demandan de sus feligreses cumplir con el requisito de reconocer sus pecados y hacer el propósito de enmienda, previo dolor de corazón o arrepentimiento. Luego los partidos asumieron esta tarea correccional como parte de su estrategia política para enderezar sus decisiones mal tomadas especialmente, si se está en el gobierno, eso se dio por llamar autocrítica.

En los acuerdos de paz se comprometen los firmantes, a la no repetición para no incurrir, como en el disco de julio Iglesias que dice “tropecé de nuevo con la misma piedra, tropecé de nuevo y con el mismo pie”, aunque la gracia no está en caerse varias veces sino en levantarse siempre.

En los gobernantes es imprescindible aplicar la autocrítica para lograr objetivos sociales y una buena convivencia ciudadana, no hacerlo es perpetuar el mal sobre el bien, así suene a maniqueísmo.

El gobierno de Petro debe reconocer sus desacertados nombramientos y que ha tenido más líos originados en sus familiares y funcionarios más cercanos a la presidencia que los que ha causado una oposición mediocre, pequeña, obtusa, sin narrativa y sin liderazgo. Petro pudo haber cumplido mucho más su programa de gobierno si se hubiera rodeado desde un comienzo de excelentes funcionarios no solamente por su formación técnica, sino también, por su lealtad política al proyecto progresista. 

Lo peor es, que en esa confusión política de los miembros del gabinete terminan imponiéndose los más avispados, politiqueros y hasta corruptos que han abusado del desorden. La mayoría de quienes han salido del gabinete lo han hecho pateando la lonchera y como “No hay cuña que más apriete que la del mismo palo” terminan favoreciendo a la oposición, dándole argumentos que no tiene porque es tonta.

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Más grave es, que otros que se mantienen en el gobierno hace rato debieron salir porque están jugando doble. Igual de grave es el silencio cómplice del partido de gobierno que prefiere el tapen, tapen a destapar a funcionarios traidores a la causa.

Sobre la crítica y la falta de mea culpa del partido de gobierno ya hablaremos en otra oportunidad. Por ahora solo queda exigir a Petro y su combo un examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda. De lo contrario no habrá cambio.