La icónica imagen conocida como la Mano de Dios, capturada durante el partido entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de 1986, es objeto de una investigación sobre su autoría. Aunque se le atribuyó inicialmente al fotógrafo mexicano Alejandro Ojeda Carbajal, existen versiones contrapuestas.
El 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona protagonizó una jugada que quedó registrada para la posteridad. La prueba gráfica permitió confirmar que el astro argentino impactó el balón con el puño, marcando un gol histórico.
Según informes de la época, Ojeda Carbajal, reportero gráfico del diario mexicano El Heraldo, logró la captura tras seguir cuidadosamente el ataque argentino. Su trabajo recibió incluso el Premio Nacional de Periodismo en México por dicha labor.
Cuestionamientos sobre la autoría y derechos
Sin embargo, fuentes actuales han vinculado la autoría de la Mano de Dios a Bob Thomas, un reconocido fotógrafo británico. Portales especializados como Getty Images asignan el crédito a la firma Bob Thomas Sport Photography, generando interrogantes sobre la procedencia de la imagen.
La familia de Ojeda Carbajal sostiene que el fotógrafo mexicano fue quien tomó la placa original dentro del Estadio Azteca. Según su hijo, el reportero entregó el material al diario y siempre defendió la propiedad intelectual de la institución.
El conflicto de atribución permanece bajo investigación, ya que ni el diario El Heraldo ni la firma británica han emitido declaraciones definitivas que aclaren la discrepancia. La falta de transparencia en los registros históricos ha dificultado la resolución de este caso periodístico.
El reconocimiento del legado de Ojeda Carbajal sigue siendo el objetivo principal de sus familiares, quienes buscan que el nombre del fotógrafo sea vinculado oficialmente a la captura. La controversia subraya la complejidad de la gestión de derechos de imagen en eventos deportivos globales.
Este hecho, ocurrido hace 40 años, demuestra cómo la falta de una documentación precisa puede complicar la preservación de la memoria histórica. Mientras las partes no aclaren los derechos, la autoría de la imagen seguirá presuntamente en disputa en diversas plataformas digitales.

