Aunque la guitarra solista de Angus Young y su energía desbordante suelen acaparar la atención, la base de AC/DC se construyó sobre la guitarra rítmica de Malcolm Young. Su talento y visión definieron un estilo directo y sin adornos, que llevó a la banda a vender más de 180 millones de discos y a llenar estadios en todo el mundo.
De Escocia a Australia
Malcolm Young nació en Glasgow en 1953 y se trasladó con su familia a Australia en 1963. Allí, junto a su hermano Angus, fundó AC/DC en 1973. La música fue siempre un vínculo familiar: sus hermanos George y Harry Vanda influyeron en su formación, y fue Harry quien le regaló la Gretsch Jet Firebird que marcaría su característico sonido.
El motor silencioso
A diferencia de Angus, Malcolm nunca buscó ser el centro de la escena. Prefirió mantenerse en segundo plano, sosteniendo el ritmo y el groove que daban cohesión a la banda. Su muro de acordes fue la columna vertebral de clásicos como High Voltage, Highway to Hell y Back in Black. Brian Johnson lo definió en 2014 como “el líder espiritual” de AC/DC, un músico que empujaba a todos con su fuerza discreta.
Estilo y composición
Su técnica se basaba en cuerdas gruesas, púas duras y amplificadores Marshall. Comparaba el rasgueo con tocar un piano, enfatizando la naturaleza percutiva del instrumento. Como compositor, trabajó junto a Angus en la creación de riffs y estructuras que marcaron discos emblemáticos. Tras la muerte de Bon Scott en 1980, lideró el proceso creativo que dio origen a Back in Black, uno de los álbumes más vendidos de la historia del rock.
Vida y legado
La carrera de Malcolm no estuvo exenta de dificultades. En 1988 se apartó temporalmente para tratar problemas de alcoholismo y, años más tarde, enfrentó cáncer de pulmón, afecciones cardíacas y demencia. Se retiró definitivamente en 2014, pero sus ideas aún nutrieron el álbum Rock or Bust. Falleció el 18 de noviembre de 2017, dejando un vacío enorme en la música.
Hoy, a 73 años de su nacimiento, Malcolm Young sigue siendo recordado como el motor rítmico de AC/DC. Su legado permanece en cada riff que suena en el mundo, demostrando que la grandeza también puede estar en la discreción y en la constancia de un ritmo que nunca se detuvo.

