La historia de Juan Diego, un niño de dos años, es el reflejo de una tragedia ocurrida durante
un traslado en ambulancia. El menor nació prematuro junto a su hermano mellizo y, pese a su
condición, su evolución médica era favorable. Antes de ser remitido de Villavicencio a Bogotá,
una resonancia cerebral confirmaba que se encontraba estable, sedado y con soporte vital
adecuado, tal como quedó consignado en su historia clínica.
Durante el traslado, el conductor de la ambulancia habría incurrido en exceso de velocidad. El
padre del niño, que seguía el vehículo, asegura que no logró alcanzarlo ni siquiera a 100
kilómetros por hora. Al pasar sin frenar por un reductor en un puente, la ambulancia dio un
fuerte salto que provocó que Juan Diego se desconectara del tubo de respiración, quedando
varios minutos sin oxígeno.
Inconveniente
Posteriormente, la empresa de ambulancias reconoció en un comunicado que el GPS del
vehículo marcó 138 km/h. Los médicos detectaron un sangrado cerebral causado por la falta de
oxígeno, lesión que derivó en parálisis cerebral. El menor permaneció seis días en estado
crítico y luego 48 días en UCI en Bogotá, un proceso devastador para su familia.
Hoy, Juan Diego necesita un tratamiento especializado en México que no es una cura, pero sí
una esperanza de mejoría. Mientras la EPS y los responsables no responden, sus padres
recurren a la solidaridad para darle a su hijo una oportunidad de mejorar su calidad de vida.

