unque los vaporizadores se promocionan como una alternativa menos perjudicial al tabaco convencional, presentan una serie de desventajas que no deben pasarse por alto. En primer lugar, existe una falta de estudios a largo plazo sobre los efectos del vapeo en la salud. Mientras que los daños del tabaco están bien documentados tras décadas de investigación, el vapeo es relativamente nuevo, y aún no se conocen con certeza sus consecuencias a largo plazo, especialmente en lo que respecta a enfermedades pulmonares y cardiovasculares.
Otra desventaja importante es la percepción errónea de seguridad. Muchos usuarios, especialmente adolescentes, creen que vapear no implica riesgos significativos, lo que lleva a un aumento en su uso entre poblaciones que antes no habrían fumado. Esta falsa sensación de seguridad puede fomentar una nueva generación de personas adictas a la nicotina, en lugar de ayudar a combatir el tabaquismo, como se plantea en muchos discursos pro-vapeo.
Además, los líquidos utilizados en los vaporizadores contienen una variedad de sustancias químicas, algunas de las cuales pueden ser tóxicas o causar irritación pulmonar. A diferencia de los cigarrillos, que tienen una regulación más estricta en muchos países, los productos de vapeo a menudo se comercializan sin controles tan rigurosos, lo que puede derivar en la inhalación de compuestos dañinos sin que el usuario sea consciente de ello.
También se ha documentado que el vapeo puede facilitar el consumo excesivo de nicotina. A diferencia de los cigarrillos, los dispositivos electrónicos permiten una dosificación continua y, en muchos casos, más elevada de nicotina, lo que puede provocar una dependencia más rápida e intensa. Esto contradice el argumento de que los vaporizadores ayudan a dejar el hábito, ya que algunos usuarios terminan consumiendo más nicotina que con el cigarro convencional.
Por último, existe el problema medioambiental. Los vaporizadores, especialmente los desechables, generan residuos electrónicos y plásticos que no son fácilmente reciclables. A diferencia de las colillas de cigarro, que si bien son contaminantes también, el daño ambiental de los dispositivos de vapeo puede ser mayor a largo plazo por el tipo de materiales utilizados y la creciente demanda de estos productos.

