Los soldaditos de plomo

Muchas noticias han impactado al país en esta semana,como “El cerco humanitario” de los policías en el Caguán.
Nicolas escobar

Por: Nicolás Escobar Bejarano

“(…) El soldadito de plomo se encontró en el mismo salón donde había estado antes. Allí estaban todos: los mismos niños y los mismos juguetes sobre la mesa. Esto conmovió tanto al soldadito, que estuvo a punto de llorar lágrimas de plomo, pero no lo hizo porque no habría estado bien que un soldado llorase.”

Muchas noticias han impactado al país en esta semana, algunas de ellas son de orden internacional, como la pelea de egos –por Twitter-  entre los presidentes de Colombia y El Salvador. Otras desgarradoras, como el feminicidio de Maryori Muñoz –sobre el cual escribiré en mi próxima columna-, y otras que dan dolor de patria, como “El cerco humanitario” de los policías en el Caguán.

Sobre este último, la versión del gobierno de turno es que si los campesinos no hubieran retenido a los uniformados la tragedia habría sido peor, sin embargo, la verdad es que durante las manifestaciones de campesinos contra la petrolera Emerald Energy en San Vicente del Caguán, 79 policías fueron secuestrados por la guardia campesina durante 31 horas, suceso que culminó con el asesinato de uno de ellos.

El video que circula por las redes sociales es simplemente inhumano, los policías son trasladados en medio de corredores humanitarios en donde son insultados y exhibidos como trofeos de guerra. Lo más preocupante del asunto es ver la interacción de los demás cibernautas en donde aprueban el trato dado a la fuerza pública.

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El debate en este caso se centra en que existen viejas rencillas entre el pueblo y la fuerza pública, por malas actuaciones entre ambas partes, pero ¿Qué nos hace diferentes a los asesinos si los tratamos como sus verdugos? Es cierto que hay muchas cosas que se deben mejorar – reformar- al interior de la fuerza pública, no obstante lo anterior, la solución tampoco es matarnos como hijos de pueblos diferentes sino construir país desde otros espacios como la educación, por ello, un primer paso podría ser llamar las cosas por su nombre, se trata de un secuestro y no de un cerco humanitario.  

Cuando leí la noticia se me vino a la mente el texto de El soldadito de plomo de Hans Christian Andersen, en donde nos expresa -a manera de crítica social- que los militares no pueden sentir (llorar). Sin embargo, no podemos olvidar que detrás de ese uniforme y esas armas se encuentran seres humanos.

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