En una crónica del periodista Daniel Coronell y transmitida por la Doble W Radio el día martes, se denuncia con estupor, y con toda razón, un episodio vergonzoso por la actuación de Cancillería Colombiana cuya titular es la Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, esto por un lado, pero también palabras inaceptables en las relaciones diplomáticas entre dos países, así sea entre regímenes contrapuestos como es el caso del de Nicaragua que preside Daniel Ortega.
Desde febrero 21 comienzan los hechos bochornosos, cuando Ortega de Nicaragua con ocasión de la celebración de la muerte de Augusto Sandino, injuria gravemente a Colombia tildándola de narco estado y denunciando hechos de los asesinatos de líderes sociales que si bien revisten verdad, como dice Coronell en su reporte, “es una expresión hostil que no se puede quedar sin respuesta”.
Por medio de la jefe de gabinete, no de Cancillería, se decide enviar una nota de protesta, igualmente anti diplomática a la Cancillería de Nicaragua y nombrando encargado de negocios al segundo secretario, por un mes y al vencimiento nombrado de nuevo, mientras el embajador Rangel después de haber sido expulsado del país centroamericano mediante comunicación verbal retirándole las credenciales de embajador en el despacho del propio canciller nicaragüense cancelándole la acreditación, sigue campante en Bogotá disfrutando de su sueldo de US$14.100, algo así como 57 millones de pesos mensuales. En la mentada nota no aparece por ningún lado el nombre del embajador expulsado con un término contundente de 72 horas para abandonar el país.
Lo menos que podemos decir sonrojados es que no es la primera vez de una actitud francamente ignominiosa de la cancillería en materia de comportamiento diplomático y en el manejo de las relaciones internacionales. ¿En manos de quién estamos? No es para menos nuestro asombro de semejante chambonearía por llamarlo de manera benévola. ¡No hay derecho!
POR: CARLOS ALVAREZ




