Por: Jorge Arturo Bravo
Sin lugar a dudas, que los retos de la educación, no solo en Pasto, en Nariño, Colombia sino en el mundo entero, es la formación de esos seres humanos, niños y niñas adolescentes y jovencitos, que desde temprana edad llegan a las aulas escolares y donde bajo la dirección y orientación de un Maestro, quien, ante todo, debe ser un amigo, para iniciar su formación que lo lleve después a convertirse en un buen ciudadano, en una gran profesional, servidor de su familia y de la patria que lo vio nacer.
“La educación no transforma el mundo, transforma a las personas que van a transformar el mundo”, dice Paulo Freire, y este, en verdad, es y debe ser el reto de los Maestros, especialmente de los más pequeños, preescolar y básica primaria, sin decir que no haya este compromiso en las aulas de la básica, media y universitaria, pero es en los pequeños donde se debe demostrar el poder del carisma del Maestro para hacer de esos chiquitines los verdaderos hombres del mañana formados con gran riqueza de valores, virtudes y conocimientos, como dijo alguna vez Aristóteles el filósofo de la antigua Grecia; he aquí, uno de los verdaderos retos del Maestro y de la educación en general.
A JAIME RAÚL SOTO. El pasado viernes 23 de enero, Jaime Raúl Soto Ágreda, con lágrimas en los ojos, con su corazón henchido de emoción, de alegría y de infinita nostalgia, abandonó las aulas escolares para pasar a disfrutar de su derecho de pensión, su derecho de jubilación, a que tiene derecho todos los trabajadores.
Cuántos recuerdos, llenos de alegría, también de nostalgia, desfilarán por su mente, ese día en que, frente a sus compañeros, les diga adiós a las aulas escolares, adiós a los miles de niños y adolescentes, que educó y formó con una pedagogía humanística, de amigo, de padre y de Maestro, porque Jaime Soto en sus más de cuarenta años como Maestro, 29 de ellos en la Ciudadela Educativa de Pasto, sí que formó y educó con la pedagogía del Amor no de la Amenaza y el Regaño, por eso, sus discípulos siempre los recordarán con eterna gratitud.
Desde estas páginas también lo despedimos y le auguramos, a nuestro buen amigo y compañero, que la vida le depare muchos en su nuevo caminar por esta su tierra nutricia. Y Que Dios, la Virgen María y la Madre Caridad, lo bendigan y lo acompañen siempre.




