Hace pocos días tuve una de las experiencias sociopolíticas más interesantes de mi vida. Invitamos a conversar públicamente a jóvenes de décimo y once de los colegios Normal de Pasto y Liceo de la Universidad de Nariño, sobre la actualidad de Colombia y el mundo, en el programa de Facebook, Opinar Televisión – les recomiendo que reproduzcan la extensa, pero constructiva tertulia cargada de muchísimas enseñanzas –.
Es demasiado esperanzador escuchar a jóvenes pilos, apasionados por ser líderes sociopolíticos, reflexionando sobre las problemáticas y soluciones en las que se debe encaminar el país para un bienestar colectivo e individual.
La diferencia de estos jóvenes pensantes está en que analizan las problemáticas del país, proponen soluciones y desde su rol, lo hacen. Por ejemplo, hablan de erradicar la discriminación y su accionar es coherente con ello. Charlan sobre homosexualismo o lesbianismo en los colegios sin ningún tabú, se siente en su discurso esa aceptación real y arraigan la relación persona a persona sin un milímetro de diferencia. Muy distinto a lo que piensan ciertas generaciones, que, aunque lo aceptan, aún les ha costado asumirlo.
“¿Quieren un mundo mejor cargado de bienestar?, les propongo escuchar a jóvenes bachilleres. Piensan muy distinto a nosotros cuando teníamos esa edad”.
En el tema ambiental, que todos creemos conocerlo y manejarlo, están tan conscientes de que ya no es una necesidad tener comportamientos sostenibles, sino que debe ser cultura. Me impactó una frase cuando me dijeron, nosotros no queremos que cuando tengamos tu edad, ya no tengamos agua.
Rechazan la corrupción en las altas esferas, pero la tienen clarísima en que los comportamientos no honorables los tenemos y empiezan en casa. Desde robarle las vueltas a la mamá luego de un mandado o hacerse el enfermo para no ir al colegio a cumplir con su deber. Si esa cultura la tienen todos, pues esa generación cuando comande, será menos corrupta.
Y ni qué hablar del tema educativo, saben que ahí está la verdadera solución a todos los problemas estructurales de Colombia. Señores viejos – grupo en el que me incluyo – dejemos de verlos como niños y escuchémoslos más. Nosotros no sabemos más que ellos.
Por: Emilio Jiménez Santiusti

