¿LOS BUENOS SOMOS MÁS?

Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

La semana pasada trascendió en los medios de comunicación de la ciudad, una supuesta amenaza a la vida e integridad del Alcalde de Pasto y su familia. Esta amenaza estaría motivada por las acciones que el burgomaestre ha venido adelantando para que se recupere el espacio público del centro de la ciudad, todo esto a raíz de la invasión de vendedores ambulantes que se han apoderado de las calles céntricas de la ciudad y han convertido las mismas en un mercado a cielo abierto.

Recordemos que, a comienzos de siglo XXI, tras acuerdos con los vendedores que vendían sus productos en la carrera 23, entre calles 16 y 17, la administración municipal de aquel entonces, logro la reubicación de un buen número de estos vendedores en locales ubicados en la zona céntrica de Pasto, pasando de estar al sol y la lluvia, a tener un espacio digno de trabajo, pero que, por lo visto, no fue la mejor opción para estos pues, desde aquella época y hasta el día de hoy, un número considerable de estos vendedores, unidos a otros comerciantes informales, han vuelto a tomarse el espacio público del centro de la ciudad, convirtiendo el tránsito por el sector, tanto a pie o en automotor, en un verdadero calvario.

Durante la administración del abogado Nicolás Toro Muñoz, este problema se ha desbordado, llegando incluso a generar enfrentamientos entre los vendedores informales, funcionarios de la Alcaldía y la fuerza pública. Sin embargo, hay un tema que no podemos dejar de lado, y es el rechazo que un buen porcentaje de ciudadanos tiene por el mal uso que se viene haciendo del espacio público en la zona céntrica de la ciudad. Solo basta con revisar las publicaciones y reacciones que se consignan en las redes sociales cuando se toca este tema, la mayoría de estas demuestran el descontento por la invasión de las calles de la ciudad. Lastimosamente, esta oposición no pasa del dicho al hecho, porque, si los vendedores ambulantes se mantienen en estos espacios es porque tienen clientes que compran sus productos, legitimando la presencia de estos en esta zona de la ciudad.

Ahora bien, las amenazas al Alcalde y su círculo cercano no deben pasar desapercibidas, es la clara muestra que aquí no se está tratando solamente con vendedores, sino que hay la posibilidad latente de que bandas criminales estén detrás de todo esto. Revisemos la historia, en la reubicación que mencionamos al comienzo de esta columna, no se presentó ningún conato de enfrentamiento o similar, todo se tramitó a través del diálogo, sin embargo, ahora es evidente que los vendedores son instrumentalizados por personas de dudoso actuar que no entiende por medio del diálogo, sino que prefieren actuar de manera lejanamente honrosa.

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El alcalde ha dicho que llegará hasta las últimas consecuencias para lograr la recuperación del espacio público de la ciudad, y esta es una decisión en la cual debemos apoyar al burgomaestre. ¿De qué sirve que el centro de la ciudad y los mercados se militaricen, que se acabe con los contratos de arrendamiento de los vendedores que no estén atendiendo los espacios que se les ha adjudicado para ejercer de forma digna la venta de productos en mercados o plazas populares o que se multe a las personas que estén pasando por encima de las leyes al apoderarse del espacio público para realizar sus ventas, si nosotros seguimos comprando sus productos o adquirimos los servicios que ofrecen? Esto es de toma y dame, y el primer eslabón de esta cadena de errores es el consumidor. Si no ponemos de nuestra parte, nuestro centro dejará de ser una zona libre y segura para el tránsito, y se convertirá en el dominio de aquellos mezquinos seres que no hacen nada productivo por la sociedad, pero que escudados en un arma, se creen superiores.