Llega el momento de elegir quién representa a los que hacen ciudad

En tiempos electorales, la incertidumbre no solo se mide en encuestas o discursos políticos. Se siente en las decisiones de inversión que se aplazan, en los contratos que no se firman y en la cautela de quienes generan empleo y sostienen la economía local. Hoy, el sector económico de Pasto vive precisamente ese momento: la expectativa de elegir representantes que comprendan, de verdad, las realidades productivas del territorio.

La economía pastusa tiene una característica que la hace resiliente, pero también vulnerable: su enorme base de microempresas. Más del 95 % del tejido empresarial corresponde a unidades pequeñas, muchas familiares, que nacen del esfuerzo cotidiano y no de grandes capitales. En total, la ciudad registra más de 26.500 empresas activas, con un potencial comercial estimado en más de 66.000 personas vinculadas a actividades económicas.

Sin embargo, detrás de estas cifras hay un fenómeno que no puede ignorarse: la informalidad. La tasa de informalidad laboral supera el 52 %, y el comercio que representa más de la mitad de las unidades económicas se mueve en gran parte en escenarios no formalizados.
Esto no es solo un problema estadístico; es una realidad social. La informalidad, en muchos casos, no es elección sino necesidad: la puerta que queda abierta cuando el empleo formal no alcanza.

Pero también existe otra cara de la historia. La de los empresarios que no se rinden. Los que innovan en gastronomía, turismo, tecnología, manufactura artesanal o servicios especializados. Los que apuestan por la formalización pese a las dificultades. Los que contratan personal incluso en momentos de incertidumbre. Los que entienden que hacer empresa en Pasto no es solo generar ingresos, sino construir ciudad.

Desde Revista Impulso creemos firmemente que allí está el verdadero liderazgo económico: en quienes crean oportunidades donde otros ven obstáculos. Son emprendedores que rompen el mito de que en las regiones no se puede crecer, que demuestran que la innovación no depende del tamaño de la empresa sino de la visión de las personas.

Por eso, este momento electoral es determinante. El sector productivo necesita representantes que comprendan tres realidades fundamentales:
Que la formalización empresarial no se logra con sanciones, sino con incentivos y acompañamiento.

Que la competitividad regional requiere infraestructura, conectividad y acceso a financiamiento.
Que el emprendimiento es política pública cuando genera empleo y cohesión social.

Elegir representantes no es solo un acto político; es una decisión económica. De ella dependerá si Pasto avanza hacia un modelo de desarrollo con oportunidades reales o si continúa atrapado entre la informalidad y el crecimiento limitado.

En Impulso seguiremos exaltando a quienes hacen ciudad desde el trabajo, la innovación y la perseverancia. Porque más allá de la incertidumbre electoral, hay una certeza que permanece: el futuro económico de Pasto no lo construyen los discursos, lo construyen sus empresarios.

Y ellos merecen ser bien representados.

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