Desde la Comuna Ocho de la capital nariñense, su labor solidaria ha trascendido fronteras urbanas y llega hoy a varios municipios del departamento de Nariño, llevando alegría y esperanza a cientos de niños en situación de vulnerabilidad.
En la ciudad de Pasto, el liderazgo social ha tomado forma en mujeres que, con compromiso y sensibilidad, trabajan día a día por el bienestar de los más necesitados. Una de ellas es Lenny Díaz, reconocida lideresa de la Comuna Ocho, quien desde hace varios años impulsa una labor cargada de amor: reunir donaciones y entregar obsequios a niños en situación de vulnerabilidad, especialmente en los meses de diciembre.
Solidaridad
Lo que inició como una pequeña campaña local, hoy se ha convertido en una verdadera cruzada de sonrisas. Cada año, Lenny y un equipo de dirigentes y colaboradores recorren barrios, corregimientos y municipios del departamento de Nariño llevando detalles, ropa, juguetes y alimentos a cientos de niños y niñas que muchas veces no esperan recibir nada. Esta labor ha sido posible gracias a la suma de voluntades de ciudadanos que confían en su liderazgo y aportan lo que está a su alcance para apoyar a la niñez.
Alegría
El objetivo es claro: robar una sonrisa, brindar alegría y recordarles a estos pequeños que no están solos. “Un dulce, un juguete o una prenda puede parecer poco, pero para un niño que no tiene nada, significa el mundo entero”, afirma Díaz, quien destaca que la verdadera recompensa es ver la felicidad reflejada en los rostros de los menores. Las jornadas de entrega se convierten en verdaderos momentos de celebración comunitaria. Con payasos, música, refrigerios y actividades lúdicas, los voluntarios logran que la Navidad llegue a los rincones donde muchas veces no llega ningún otro tipo de atención institucional.
Aunque esta labor nació en la Comuna Ocho de la capital nariñense, su impacto ha trascendido los límites urbanos. Con apoyo de otras lideresas y líderes comunitarios, Lenny ha logrado llevar estas campañas a municipios como Ipiales, Túquerres, La Unión, Samaniego y Sandoná, entre otros, demostrando que la solidaridad no conoce fronteras. Su trabajo inspira a nuevas generaciones de gestores sociales y recuerda que la verdadera grandeza está en servir a quienes más lo necesitan.

