El mes de diciembre volvió a dejar un saldo preocupante en materia de salud pública y seguridad vial, marcado por un alto número de personas lesionadas por el uso de pólvora y por múltiples emergencias viales registradas durante la temporada de festividades. A pesar de las campañas de prevención impulsadas por las autoridades, las celebraciones de fin de año estuvieron acompañadas de accidentes que afectaron especialmente a menores de edad, motociclistas y peatones, evidenciando una problemática que se repite año tras año.
De acuerdo con los reportes oficiales, las quemaduras y lesiones causadas por artefactos pirotécnicos aumentaron de manera significativa en comparación con meses anteriores. Los casos más graves se presentaron durante las noches del 24 y 31 de diciembre, cuando la manipulación irresponsable de pólvora derivó en amputaciones, quemaduras de segundo y tercer grado, y daños permanentes en manos, rostro y ojos. Hospitales y centros de urgencias tuvieron que reforzar sus turnos ante la llegada constante de pacientes, muchos de ellos niños y adolescentes.
Las autoridades sanitarias advirtieron que una parte importante de los lesionados no solo manipulaba pólvora de manera ilegal, sino que también lo hacía bajo el consumo de alcohol, un factor que incrementa el riesgo de accidentes. En varios casos, las víctimas fueron personas que no encendían directamente los artefactos, sino que se encontraban cerca del lugar donde otros lo hacían, lo que demuestra que el uso de pólvora representa un peligro colectivo y no solo individual.
Paralelo a esta situación, diciembre también estuvo marcado por un aumento en las emergencias viales, especialmente en los días previos y posteriores a las celebraciones de Navidad y Año Nuevo. El incremento en la movilidad, los viajes intermunicipales y las reuniones familiares generó una mayor exposición al riesgo en las vías. Choques, atropellamientos y volcamientos se registraron tanto en zonas urbanas como en carreteras nacionales, afectando la movilidad y dejando víctimas fatales y heridos de consideración.
Los motociclistas volvieron a figurar entre los más afectados por los siniestros de tránsito. El exceso de velocidad, la imprudencia, la falta de elementos de protección y la conducción bajo los efectos del alcohol fueron señalados como las principales causas de los accidentes. A esto se sumó la congestión vehicular típica de la temporada, que dificultó la reacción oportuna de los conductores y aumentó la probabilidad de colisiones.
Desde los organismos de tránsito se desplegaron operativos de control, pruebas de alcoholemia y campañas pedagógicas, pero los resultados evidenciaron que las medidas siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del problema. Las autoridades reiteraron que gran parte de los accidentes pudieron haberse evitado con comportamientos responsables, tanto en el uso del espacio público como en la conducción de vehículos.
El balance de diciembre deja un panorama que combina celebración y tragedia. Mientras miles de familias disfrutaron de las festividades, otras tuvieron que enfrentar pérdidas humanas, lesiones graves y consecuencias irreversibles. Los lesionados por pólvora y las emergencias viales no solo representan cifras en un informe oficial, sino historias de dolor que afectan a familias enteras y generan una presión adicional sobre el sistema de salud.
Este escenario vuelve a plantear la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, endurecer los controles y promover un cambio cultural frente a prácticas que siguen cobrando víctimas cada fin de año. Las autoridades insisten en que celebrar no debe implicar poner en riesgo la vida, y que la verdadera responsabilidad colectiva está en entender que la seguridad es un compromiso compartido. Diciembre, una vez más, cerró con una lección pendiente para la sociedad: la urgencia de transformar la forma en que se celebran las fiestas y se habita el espacio vial.

