Se comenzó por recomendar hablar con un lenguaje políticamente correcto y no fue más que abusar del eufemismo como recurso retorico para terminar llamándole al tradicional ciclista, biciusuario, al cerrajero carpintero metálico y al pordiosero habitante en situación de calle. subterfugio políticamente tan efectivo como el empleado por los encargados del manejo de la economía de un país, cuando la hiperinflación los lleva a emitir billetes sin seros.
Recurso que no mejora en nada la economía, pero se supone que le permite a la gente no sentirse tan pobre como para salir a protestar. Con igual intención se recurrió a la perífrasis como manera de decir a medias lo que a medias debe de entenderse cuando de no lograr convencer lo mejor es confundir, así como cuando lo mandaban a comprar un litro del líquido perlático de la consorte del toro, seguramente con el propósito político de hacer sentir bien al mamífero vacuno enalteciendo su producto.
Ahora se tiene como parte del lenguaje políticamente correcto al llamado lenguaje incluyente. Afirman sus mentores que el objetivo de su uso es el de visibilizar los grupos sociales, obligados a permanecer ocultos en obediencia a los prejuicios morales, a los dictámenes de las doctrinas religiosas y a los escrúpulos socioeconómicos.
Es innegable que hoy muchas tradiciones, como las que mandan a discriminar, minimizar y hasta eliminar a aquellos que rompen el molde social impuesto, deben dejarse de practicar porque van en contravía del desarrollo del pensamiento y la construcción de un orden social acorde a ese desarrollo. Por lo que esas comunidades que hoy buscan ser identificadas y valoradas a través de sus propias características, tienen todos los derechos para garantizar su existencia no solo como sujetos políticos sino como humanos en su total existencia.
Salvo que esa condición no lo da únicamente el empleo caprichoso del castellano o de ningún idioma. Comenzando porque toda lengua es plural, pues nace, crese y se modifica en el decir de todos, que es de donde salen los recursos idiomáticos con los cuales se expresa un sentimiento, se da a conocer una idea y propone una acción.
El lenguaje es más que gramática y sintaxis, su estudio tiene como objeto el signo. Siendo la palabra uno más de los creados por el ser humano con el propósito de hacer posible el diálogo. La palabra como símbolo artificial, porque los hay naturales como las nubes o el arco iris y se denominan indicios, adquiere su carga semántica del uso que le da quien a través del signo comunica e interpreta una idea reglado por un código cuyo origen puede ser consensual o arbitrario.
Por lo que para entender el significado de una palabra o cualquier otro signo debemos contextualizarlo.
En el caso de la palabra, saber dónde, para y cómo es empleada. Obligando a hacer buen uso y correcta interpretación de, por ejemplo, los verbos. Cuyo empleo depende del tiempo, el modo y las formas no personales, que son tres con sus variables: pasado, presente y futuro. Indicativo, imperativo y subjuntivo. Gerundio, infinitivo y participio pasivo o activo. En el caso de la palabra incluyente tenemos que corresponde a un verbo en participio activo, forma verbal que permite utilizarlo como adjetivo igual que presidente o dirigente y que alude a quien realiza la acción de presidir o dirigir.
Por lo que incluyente es el que incluye. El participio pasivo permite referirse a los sentimientos de quien es receptor de una acción. Los colombianos no sentimos o no presididos por Duque, los nariñenses nos sentimos incluidos o no dentro del contexto nacional. Al verbo suele agregársele el sufijo ivo-iva para permitir entender que sirve para, por ejemplo, incluir cuando se dice lenguaje inclusivo o palabra inclusiva. @Risar0
Por: Ricardo Sarasty.



