Las inversiones suelen asociarse con fondos de Wall Street, grandes bancos o multimillonarios. Sin embargo, un grupo de religiosas católicas ha demostrado que incluso pequeñas participaciones accionarias pueden convertirse en una poderosa herramienta para influir en algunas de las empresas más importantes del mundo. Desde gigantes tecnológicos hasta entidades financieras, estas monjas utilizan su condición de accionistas para impulsar cambios relacionados con el medio ambiente, la inteligencia artificial, los derechos humanos y la justicia social.
Su estrategia, conocida como «activismo accionarial», lleva décadas desarrollándose, pero ha cobrado una relevancia especial en medio del auge de la inteligencia artificial y el creciente debate sobre la responsabilidad social de las grandes corporaciones.
Religiosas que también son inversionistas
Entre las figuras más visibles de este movimiento se encuentra la hermana Susan Francois, integrante de las Hermanas de San José de la Paz, una congregación presente en Estados Unidos y Reino Unido. Aunque rompe con el estereotipo tradicional de una monja —no utiliza hábito y mantiene una presencia activa en redes sociales como TikTok—, también dedica buena parte de su trabajo a ejercer presión sobre empresas de alcance global mediante inversiones responsables.
Su congregación invierte pequeñas cantidades de dinero en distintas compañías. Aunque la participación económica suele ser reducida, es suficiente para adquirir el derecho de asistir a reuniones de accionistas, presentar resoluciones y votar propuestas relacionadas con la gestión corporativa.
Para estas religiosas, la inversión no busca maximizar ganancias, sino promover el llamado «bien común», un principio de la doctrina social de la Iglesia Católica que prioriza el bienestar colectivo sobre el beneficio económico individual.
¿Cómo logran influir en gigantes tecnológicos?
El mecanismo es sencillo, pero efectivo.
En Estados Unidos, cualquier accionista que cumpla ciertos requisitos establecidos por la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) puede presentar resoluciones para ser discutidas en las asambleas anuales de las empresas.
Aunque muchas de estas propuestas no obtienen la mayoría de los votos, sí generan presión pública y obligan a los consejos directivos a pronunciarse sobre temas sensibles.
Las religiosas han impulsado iniciativas dirigidas a compañías tecnológicas para solicitar:
- Mayor supervisión de los riesgos de la inteligencia artificial.
- Más transparencia sobre el uso de algoritmos.
- Protección de los derechos humanos en el desarrollo tecnológico.
- Informes sobre el impacto ambiental de los centros de datos.
- Evaluaciones sobre posibles sesgos en sistemas automatizados.
Estas propuestas han llegado a empresas como Google (Alphabet), Amazon, Microsoft y Meta, que enfrentan un creciente escrutinio internacional por el desarrollo acelerado de herramientas basadas en inteligencia artificial.
También presionan a bancos y entidades financieras
El activismo de estas congregaciones no se limita al sector tecnológico.
Durante años han presentado resoluciones frente a bancos y grupos financieros para exigir mayor transparencia sobre:
- Financiamiento de combustibles fósiles.
- Riesgos climáticos.
- Derechos de comunidades indígenas.
- Igualdad racial.
- Políticas de inversión sostenible.
Entre las entidades mencionadas en distintas campañas figuran Citigroup y otros grandes bancos estadounidenses, a los que las religiosas piden adoptar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) más estrictos.
Una tradición que lleva décadas
Aunque recientemente han ganado atención mediática, las congregaciones religiosas participan en el activismo corporativo desde hace más de 50 años.
Muchas trabajan de manera coordinada a través del Interfaith Center on Corporate Responsibility (ICCR), una organización que reúne a instituciones religiosas e inversionistas comprometidos con promover prácticas empresariales responsables.
Su estrategia consiste en mantener un diálogo constante con las compañías antes de recurrir a votaciones públicas, buscando acuerdos voluntarios que permitan implementar cambios sin necesidad de conflictos mayores.
La inteligencia artificial, una nueva prioridad
Con la expansión de la inteligencia artificial generativa, las monjas consideran que las grandes empresas tecnológicas enfrentan una responsabilidad sin precedentes.
Sus propuestas buscan que las compañías expliquen cómo evalúan riesgos relacionados con:
- Desinformación.
- Discriminación algorítmica.
- Privacidad de los usuarios.
- Automatización del empleo.
- Uso ético de modelos de IA.
Para las religiosas, la innovación tecnológica debe desarrollarse bajo principios éticos que garanticen la protección de las personas más vulnerables.
Cambio climático y derechos humanos
Otro de los principales frentes de acción es el medio ambiente.
Las congregaciones han impulsado resoluciones para exigir que las empresas:
- Midan con mayor precisión sus emisiones contaminantes.
- Reduzcan el uso de pesticidas.
- Protejan territorios indígenas.
- Evalúen los impactos ambientales de sus cadenas de suministro.
Según explican las propias religiosas, estas iniciativas forman parte de su misión de «proteger la creación de Dios», una expresión inspirada en la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco sobre el cuidado del planeta.
Pequeñas inversiones con grandes resultados
Aunque sus participaciones representan apenas una fracción del capital de estas multinacionales, el activismo accionarial ha demostrado que incluso accionistas minoritarios pueden abrir debates importantes.
En algunos casos, las empresas han optado por negociar directamente con los inversionistas religiosos para evitar que determinadas propuestas lleguen a votación pública.
Expertos en gobierno corporativo consideran que este tipo de presión ha contribuido a incrementar la transparencia empresarial y a incorporar temas ambientales y sociales en la agenda de los consejos de administración.
Un modelo de inversión con impacto social
Las monjas inversoras representan una corriente creciente dentro de las finanzas sostenibles, donde el objetivo no consiste únicamente en obtener rentabilidad económica, sino también generar cambios sociales mediante el uso estratégico del derecho al voto como accionistas.
En un contexto marcado por el rápido avance tecnológico y las preocupaciones sobre el impacto de la inteligencia artificial, estas religiosas buscan demostrar que incluso pequeñas inversiones pueden convertirse en una herramienta para influir en algunas de las empresas más poderosas del planeta.


