Muchas veces nos preguntamos sorprendidos cómo es posible que los políticos sean protagonistas de acciones insólitas por no decir irracionales, cuyo resultado no puede ser otro que el de desdibujar sus imágenes.
Hacemos esa consideración ante el suceso que se acaba de presentar con el candidato del Pacto Histórico, Gustavo Petro, cuyo hermano Juan Fernando, se reunió en la cárcel de La Picota con el exsenador Iván Moreno, hermano del exalcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas, privados de la libertad por haber sido protagonistas de uno de los escándalos más grandes, tristemente famoso con el nombre del “carrusel de la contratación”, donde los hermanos Moreno Rojas, acompañados de un séquito de ladrones de “cuello blanco”, prácticamente se robaron las arcas de la capital de la República.
Nos parece una acción nefasta, máxime en momentos en que el candidato del Pacto Histórico, Gustavo Petro se encuentra en plena campaña en pos de la Presidencia de la República, por lo que no nos imaginamos cómo se pudo cometer una pifia de ese tamaño, la cual se constituye como entregarle en bandeja de plata a los contrarios los motivos para un agresivo ataque, precisamente en el marco de una campaña política que precisamente no se ha distinguido por su altura e importantes conceptos, sino por las arremetidas y ofensas sin cuento, de las que prácticamente no se ha salvado ninguno de los 8 candidatos que en estos instantes aspiran a llegar a la Casa de Nariño.
«Muchas veces nos preguntamos sorprendidos cómo es posible que los políticos sean protagonistas de acciones insólitas, por no decir irracionales, cuyo resultado no puede ser otro que el de desdibujar sus imágenes».
No hay duda, Gustavo Petro tuvo una grave equivocación, un error que en estos instantes le están cobrando con creces, así sus intenciones hayan sido buenas. En ese sentido, de acuerdo con las explicaciones que ha entregado el aspirante presidencial, su propósito con la visita de su hermano a la cárcel de La Picota, donde se entrevistó con Iván Moreno Rojas, fue el de sacar adelante un original perdón social, lo que ha hecho que, a pocas semanas para la realización de las elecciones presidenciales, sus detractores lo estén acusando de querer negociar con corruptos en busca de votos.
Lo que, en síntesis, hizo Gustavo Petro con esa misión de la que se encargó su hermano, fue, utilizando un término muy popular en nuestro medio, pero a la vez muy acertado, ‘dar papaya’ en plena campaña política, donde muchas veces esas equivocaciones se pagan bastante caro.
De esta manera, el denominado “perdón social” que de acuerdo con lo manifestado por el candidato presidencial, es necesario para alcanzar la reconciliación y la paz en Colombia, se ha convertido en un gran escándalo, que como se está viendo está siendo muy bien aprovechado por los contendientes del Pacto Histórico.
A propósito, nosotros también nos preguntamos en este país del Sagrado Corazón de Jesús cómo es posible que la cárcel de La Picota sea escenario de tantos hechos escandalosos. Con seguridad esta es la única prisión del mundo donde un empresario detenido bajo graves cargos puede salir a la hora que le da la gana, para proseguir con sus oscuros negocios y donde un peligroso recluso, natural de nuestro departamento de Nariño, conocido con el alias de Matamba, se salvó de la extradición a Estados Unidos, saliendo como Pedro por su casa de las instalaciones carcelarias.
Ahora para continuar la serie de episodios en los que no se sabe si es mejor reír o llorar, el hermano de un candidato presidencial va sin ningún inconveniente a entrevistarse con un recluso, cuya gran hazaña en compañía de su hermano, fue la dejar en la ruina a Bogotá, con un hurto incalculable. La verdad, estamos muy mal…

