La misión representa un nuevo avance para la participación universitaria en el sector espacial, aunque sus objetivos van más allá del estudio directo de la basura espacial
Tres nanosatélites desarrollados en el ámbito universitario europeo fueron desplegados con éxito en la órbita terrestre baja, en una misión que vuelve a poner de relieve el creciente papel de las universidades en el desarrollo de tecnologías espaciales.
El lanzamiento de los tres CubeSats ERMIS, desarrollados en Grecia por el Departamento de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas, se produjo el 30 de marzo de 2026. Los satélites fueron transportados al espacio a bordo de un cohete Falcon 9 y desplegados posteriormente en una órbita terrestre baja situada a unos 500 kilómetros de altitud.
El acontecimiento marcó un hito para el programa espacial griego y para la participación académica en el desarrollo de pequeños satélites. Sin embargo, también sirve para entender una transformación más amplia que está experimentando la industria espacial europea: los nanosatélites, muchos de ellos diseñados con una importante participación de estudiantes e investigadores universitarios, están dejando de ser únicamente herramientas educativas para convertirse en plataformas capaces de probar tecnologías, recopilar datos científicos y contribuir a la observación de la Tierra y al conocimiento del entorno orbital.
Aunque la misión ERMIS no tiene como objetivo principal medir la basura espacial, su llegada a la órbita baja se produce en un momento en el que Europa está aumentando sus esfuerzos para vigilar, comprender y reducir los riesgos asociados a la creciente congestión del espacio cercano a la Tierra.
¿Qué son los nanosatélites y por qué las universidades los están utilizando?
Los nanosatélites son vehículos espaciales de pequeño tamaño y masa reducida. Uno de los formatos más utilizados es el CubeSat, un estándar basado en unidades cúbicas de aproximadamente 10 centímetros por lado. Estas unidades pueden combinarse para crear satélites de diferentes tamaños y capacidades.
Su principal ventaja es que permiten desarrollar misiones espaciales con una infraestructura y unos costes generalmente inferiores a los de los satélites tradicionales. Esto ha abierto la puerta a universidades, centros de investigación y equipos estudiantiles que, hace apenas unas décadas, difícilmente habrían podido participar directamente en el diseño y operación de una misión espacial.
La Agencia Espacial Europea mantiene desde hace años el programa educativo Fly Your Satellite!, mediante el cual equipos universitarios reciben apoyo técnico para diseñar, construir, probar y preparar nanosatélites para su lanzamiento. Según información publicada por la ESA en 2026, alrededor de 50 proyectos de nanosatélites procedentes de 20 países han participado en diferentes etapas del programa y 15 satélites han llegado con éxito al espacio a través de estas oportunidades de lanzamiento.
El proceso permite que los estudiantes participen en tareas que normalmente forman parte de una misión espacial profesional: diseño de estructuras, sistemas de energía, comunicaciones, software de a bordo, integración de instrumentos científicos, pruebas ambientales y operaciones desde estaciones terrestres.
Los tres ERMIS: un hito para el programa espacial griego
La misión ERMIS, cuyo nombre corresponde a ERMIS Hellenic CubeSat Demonstration Mission, está integrada por tres CubeSats desarrollados por la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas.
Los tres satélites fueron desplegados en órbita terrestre baja a unos 500 kilómetros de altitud tras el lanzamiento del 30 de marzo de 2026. La misión está concebida como una demostración tecnológica y forma parte de la primera fase del Programa Nacional de Microsatélites de Grecia, respaldado mediante fondos del Mecanismo Europeo de Recuperación y Resiliencia.
Entre sus objetivos se encuentran la validación de tecnologías de comunicación para aplicaciones 5G e Internet de las Cosas, sistemas de telecomunicaciones por satélite y observación de la Tierra mediante tecnología hiperespectral.
La observación hiperespectral permite analizar la superficie terrestre utilizando información procedente de múltiples bandas del espectro electromagnético. Esta capacidad puede tener aplicaciones en ámbitos como el monitoreo ambiental, la agricultura, la gestión del territorio y el análisis de determinadas condiciones de la superficie terrestre.
La misión demuestra, además, cómo las instituciones académicas están participando de manera cada vez más directa en programas espaciales nacionales. Los nanosatélites pueden servir como plataformas para probar sistemas que, después de ser validados en el espacio, podrían integrarse en futuras misiones de mayor tamaño.
La basura espacial: uno de los grandes desafíos de la órbita baja
El lanzamiento de nuevos nanosatélites se produce en un contexto especialmente sensible para la actividad espacial: la creciente cantidad de objetos que orbitan alrededor de la Tierra.
La llamada basura espacial incluye satélites que han dejado de funcionar, etapas de cohetes y fragmentos generados por explosiones, colisiones u otros eventos ocurridos en el espacio. Incluso objetos de pequeño tamaño pueden representar un riesgo considerable debido a las enormes velocidades a las que se desplazan en órbita.
Europa cuenta con el sistema EU Space Surveillance and Tracking, conocido como EU SST, que utiliza una red de sensores y capacidades de procesamiento para vigilar objetos espaciales y ofrecer servicios relacionados con la prevención de colisiones, el análisis de reentradas y la detección de fragmentaciones en órbita. Más de 400 organizaciones reciben actualmente servicios de este sistema y cientos de satélites están cubiertos por sus capacidades de seguimiento y alerta.
Es importante hacer una precisión: los tres CubeSats ERMIS no fueron lanzados específicamente para evaluar la basura espacial. Sus objetivos oficiales se centran en las telecomunicaciones, las aplicaciones 5G e IoT y la observación hiperespectral de la Tierra.
Sin embargo, la misión forma parte de una tendencia tecnológica mucho más amplia en la que los pequeños satélites se están utilizando también para estudiar el entorno orbital y desarrollar soluciones frente a la acumulación de residuos espaciales.
Pequeños satélites para estudiar partículas casi invisibles
Uno de los ejemplos más claros dentro de Europa es MOVE-III, un proyecto de la Universidad Técnica de Múnich diseñado para detectar y estudiar residuos espaciales y meteoroides de tamaño submilimétrico en la órbita terrestre baja.
El proyecto incorpora sensores especializados capaces de recopilar datos sobre el flujo de pequeñas partículas, su masa y su velocidad. La información obtenida puede utilizarse para mejorar y validar modelos sobre la población de objetos pequeños presentes en el espacio.
Este tipo de investigación resulta especialmente importante porque una parte de los objetos más pequeños es difícil de rastrear desde la Tierra. Sin embargo, su elevada velocidad orbital puede hacer que una colisión tenga consecuencias importantes para un satélite operativo.
Otro proyecto universitario europeo es AlbaSat, desarrollado por estudiantes de la Universidad de Padua. Entre los objetivos de esta misión se encuentra el estudio del entorno de microdesechos en la órbita terrestre, junto con experimentos relacionados con vibraciones, determinación precisa de la órbita y comunicaciones ópticas.
Estos proyectos muestran cómo el ecosistema universitario europeo está utilizando los nanosatélites no solo como herramientas de formación, sino también como plataformas científicas capaces de producir información útil para el estudio del espacio.
De aprender ingeniería a operar una misión real
Una de las principales características de los programas universitarios de nanosatélites es que los estudiantes pueden participar en prácticamente todas las etapas de una misión.
El trabajo comienza con la definición de los objetivos científicos o tecnológicos. Posteriormente se desarrollan los sistemas de energía, comunicaciones, control de orientación, estructura y software. Antes del lanzamiento, el satélite debe superar diferentes procesos de integración y pruebas para comprobar que puede soportar las condiciones del viaje y del entorno espacial.
La experiencia no termina cuando el satélite es colocado en órbita. Los equipos deben mantener las comunicaciones con el vehículo, analizar la información recibida y resolver posibles problemas durante la operación.
El programa Fly Your Satellite! de la ESA está diseñado precisamente para acercar a los estudiantes a estos procedimientos. La agencia proporciona orientación especializada y apoyo durante las diferentes fases del desarrollo de una misión, permitiendo que los equipos universitarios trabajen bajo exigencias similares a las que enfrentan los proyectos espaciales profesionales.
El reto de lanzar más satélites sin aumentar el problema
La expansión de los nanosatélites plantea, al mismo tiempo, una responsabilidad adicional. Cada nuevo objeto enviado al espacio debe contar con una estrategia para reducir su impacto sobre el entorno orbital una vez termine su misión.
La ESA está impulsando requisitos relacionados con la sostenibilidad espacial y la mitigación de residuos. En las futuras oportunidades de lanzamiento para nanosatélites educativos, por ejemplo, la agencia contempla límites de altitud relacionados con el cumplimiento de requisitos de vida orbital y reentrada, dentro de sus criterios de sostenibilidad y mitigación de basura espacial.
La idea es evitar que los satélites que dejan de funcionar permanezcan indefinidamente en órbita. Dependiendo de la altitud y las características de la misión, un satélite puede aprovechar el rozamiento residual de la atmósfera para perder velocidad y terminar reentrando.
También se están desarrollando tecnologías específicas para acelerar ese proceso. El proyecto europeo REMOVEDEBRIS, coordinado por la Universidad de Surrey, realizó demostraciones de tecnologías para la eliminación activa de residuos espaciales, incluyendo sistemas de captura, navegación de proximidad y tecnologías destinadas a facilitar la retirada de objetos de la órbita.
Una nueva generación de profesionales espaciales
El lanzamiento de los tres nanosatélites ERMIS representa un paso importante para Grecia y para la participación universitaria en el desarrollo de tecnología espacial. Pero el acontecimiento también refleja un fenómeno que se está extendiendo por toda Europa.
Las universidades están convirtiéndose en espacios donde los estudiantes no solo estudian cómo funcionan los satélites: ahora pueden participar directamente en su construcción, probar instrumentos científicos y colaborar en misiones que terminan operando a cientos de kilómetros sobre la superficie terrestre.
En paralelo, la investigación mediante CubeSats está adquiriendo una importancia creciente para comprender mejor la órbita baja, desarrollar nuevas tecnologías de comunicación, observar el planeta y estudiar problemas como la radiación y los pequeños fragmentos que forman parte del entorno espacial.
La basura espacial seguirá siendo uno de los grandes retos de las próximas décadas. A medida que aumente el número de satélites y servicios que dependen del espacio, será cada vez más importante conocer qué objetos se encuentran en órbita, prevenir colisiones y diseñar misiones capaces de desaparecer de manera segura al finalizar su vida útil.
En ese escenario, los nanosatélites estudiantiles podrían desempeñar un papel mayor del que su reducido tamaño sugiere. Desde laboratorios universitarios hasta órbitas situadas a cientos de kilómetros de la Tierra, estas pequeñas plataformas están permitiendo formar a una nueva generación de ingenieros y científicos mientras aportan tecnologías y datos para afrontar algunos de los desafíos más complejos del espacio moderno.




